El Fogón de la Editora

NO ES LO QUE PARECE

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Las grandes mayorías en Venezuela comen lo que pueden. Si lo sacamos por el consumo de proteínas, el país está raspao. Si lo miras por las colas en las carnicerías, bodegas y supermercados todo es rapidísimo. Si a la gente le toca hacer alguna espera para pagar en el mercado, o por el turno en el charcutero, es porque en los grandes, medianos y aún más pequeños negocios de comida, cada vez tienen menos empleados trabajando.

Una fila larguísima de cajas registradoras vacías, sin cajeros. Anaqueles atestados de productos que muy poca gente compra, se resuelven en carritos cada vez más vacíos, deambulando por pasillos con muy poca gente.

El venezolano de ahorita puede que cuente con todo, que tenga a la vista de todo, que pueda conseguir cualquier producto que busque o que necesite. El asunto es que no le resulta nada fácil contar con el suficiente dinero como para poder adquirirlo. Hay de todo, cierto: pero no alcanza la plata sino para comprar lo más mínimo.

La experiencia de ir a cualquier supermercado en Venezuela es amarga. Consigues todo, no falta nada, no hay escasez alguna, pero la gente no tiene con que comprar lo que busca.

Los dólares no están empapelados sobre las paredes del país. El venezolano de a pie los cuida y los estira, para componer como sea y con lo que les alcance la comida diaria para su familia. Así estamos: ¡en subsistencia!

Es falso que nuestra gente esté viviendo en un carrusel de prosperidad. Con muchísima dificultad, el país solo da para el gasto de la comida, y de broma.

Solo unos pocos en Venezuela, poquísimos, viven sabroso y bien en un país sin ley, sin libertades, con una enorme pobreza colectiva. Lo que resulta cada vez ser más popular, común y cotidiano es la vida diaria entre mentiras. ¡Eso sí que es para todos!

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