El Fogón de la Editora

¡NO LES CREO!

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

El régimen de Caracas trata de lavarse la cara con el cuento de la devolución del Sambil. Intenta comunicar a Venezuela y al resto del mundo un supuesto giro de timón. Un cambio sustantivo sobre su manejo y visión en cuanto a la propiedad privada y al respeto de lo ajeno, los cuales lleva veintitantos años pisoteando como le viene en ganas.

Así, con mucha prensa, se arreglan con los Cohen y les devuelve lo suyo, luego de haber convertido al viejo centro comercial en otro chiquero del socialismo en plena Caracas, por muchos años. La dictadura lanza un poderoso mensaje de “supuesto” arrepentimiento, con el único propósito de engañar otra vez a la inversión y a los inversionistas de adentro y de afuera del país, tratando de colear un ¡ya nos dejamos de eso!

El asunto es que ese pobre acto de contrición no es ni suficiente ni bastante, ni siquiera como preparación para la Semana Santa. Los baratos actos de Cuaresma del chavismo no dan ni para viernes de comer pescado.

Quienes se crean el cuento, que se den por avisados. Cuando Barack Obama le dio por pasearse por las calles de La Habana de los Castro, los comunistas juraron también lo mismo. Y resultó que, otra vez, estos delincuentes juraron en vano.

Las voces que invitan a la apertura petrolera y se contentan por las recientes consideraciones de la dictadura venezolana, tanto por el respeto de lo ajeno como por todo aquello que sea de otros, están mintiendo. Lo hacen por encargo. La realidad es que no forma parte del ADN de esta gente hacer las cosas bien, son simplemente unos ladrones.

No está fácil que el régimen ahora diga que va a salir a devolver todo lo que se ha cogido durante tantos años con el propósito de ganar indulgencias ante el gobierno de Biden y la Comunidad Europea. El esfuerzo de tantos influencers en ese sentido está dirigido únicamente al público americano, para ir introduciendo el plan de suministro de crudo, con petróleo venezolano, sin ocasionar cargos de conciencia colectivos, por hacer negocios con un gobierno genocida.

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