El Fogón de la Editora

NO SON MACHOS, PERO SON MUCHOS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Sábado por la tardecita. Una pareja de novios, hombre-hombre, deciden pasear de tiendas en el Sambil de la Candelaria en Caracas. Distraídos van comiéndose un heladito. Ambos, cogidos de las manos, miran las vitrinas y se escandalizan por los precios.

Entonces se les acerca un vigilante privado del condominio del Sambil y les dice, bien serio, que ese no es un lugar para que se paseen agarraditos dos maricones a la vista de todo el mundo. Que el Sambil es un recinto familiar y que le hagan el favor de “dejarse de eso” mientras estén en el Centro Comercial.

Furiosos, los enamorados casi que se comen vivo al vigilante. Le llaman de homofóbico para abajo y le hablan de sus derechos a escoger libremente el sexo que les convenga.

Abrumado, el hombre llama a su supervisor. Luego el supervisor llama a su supervisor.

Para que inmediatamente el supervisor del supervisor haga lo propio con quien lo supervisa. Así, como en el juego de la papa caliente, el regaño se transforma en un escándalo. Total que los tipos de seguridad están más perdidos que el hijo de Lindbergh, pero finalmente logran sacar a empujones a la pareja. ¡Mejor que no!

En menos de una hora el tal recinto familiar de la corporación Cohen se llena, literalmente, con cientos de gays, lesbianas, transgéneros y demás hierbas aromáticas que llegan a protestar por el atropello de sus libertades sexuales.

Salen plumas por todas lados. Ocupan las escaleras mecánicas y todos y cada uno de los pisos. Ante la mirada entre atónita y divertida de cientos de hombres, mujeres y niños. Solo se ven los teléfonos alzados grabando en videos la primera protesta masiva de los grupos LGTBQ+ en Venezuela.

Poco importa que los Cohen estén más enchufados que un arbolito. De haber querido, quienes protestaban pudieron haber destruido nuevamente el Sambil de La Candelaria.

Nadie llamó ni a la policía ni a la guardia. Enchufado sabe hasta donde le llega el cable. Los emplumados entonces, cuando se cansaron de burlarse de los “apoyados” del Sambil, decidieron terminar su jornada de protesta realizando una besada colectiva. Para luego inmediatamente retirarse.

De manera que, en Venezuela, sí que hay una sociedad civil que le pare el trote a los abusadores. Ojalá y las personas como uno tuviésemos la misma valentía y el mismo arrojo para enfrentar los atropellos a los cuales nos somete día a día el NARCO-RÉGIMEN de Caracas.

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