El Fogón de la Editora

NO TENEMOS PATRIA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Héctor Rodríguez, otro gobernador del régimen que ha demostrado suficientemente no servir para nada, ahora da consejos al venezolano. Le recomienda que trabaje, que se esfuerce, que se rompa el lomo. Y que, si luego de todo ese sudor no consigue lograr las cosas que necesita para él y para su familia en la Venezuela “socialista”, que agarre sus cachivaches y se vaya del país, que para eso la revolución tiene las fronteras abiertas.

En la Venezuela del narcosocialismo del siglo XXI que se ha apropiado Héctor Rodríguez, vale todo y todo vale. En algo más de veinte años de salvaje depredación, Chávez y sus ladrones de confianza acabaron con casi 100 años de Estado de Bienestar en Venezuela. Destruyeron al Estado y, en cuanto al Bienestar, ahora mandan a decir que cada quien vea como se lo “reinventa”.

Al régimen ya no le importa ni tan siquiera guardar las formas, cuidar las palabras que suelta; está cómodo, mantillado por una oposición de caramelo que no le discute ni le pelea absolutamente nada de lo que hace o dice.

El “sálvense quien pueda” tiene el mismo peso callejero que aquel “el honor es su divisa”. O sea, ¡desecho!

No puede quedar alguna duda: se trata de un intento exitoso de retroceder el tiempo a la Era de las Cavernas. Y una vez que el venezolano promedio empiece a sobrevivir en las sombras del pasado en pleno siglo XXI, el régimen sí que sabrá como cobrarle, como extorsionarle, como arrebatarle cualquier posible logro que haya alcanzado.

Estos malvados consiguieron arrebatarle el tiempo a Cuba, pues se trata de una isla. En Berlín construyeron un muro fortificado para que nadie se fuera. A todo lo largo de las fronteras de Europa del Este, por décadas, salir del comunismo implicaba un riego de vida.

Sin embargo, en la Venezuela de Héctor Rodríguez nos mantienen la invitación permanente de largarnos; que paguemos desde afuera las tasas del SAIME, que ellos nos envían los pasaportes para que ni siquiera tengamos esa excusa para regresar.

Este “formato” es distinto, algo nunca antes visto. Eso, entre otros “aspectos”, nos da las mejores pistas sobre el país actual: en Venezuela no existe un régimen político, lo que hay es un «pranato», un enorme barrio bajo el control de bandas del crimen, que se convierte exponencialmente en una hampocracia con una bandera, un escudo y un himno nacional.

Por cierto, ¿no es acaso eso que se llaman Estado Fallido?

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