CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

No tienen vergüenza

Si Venezuela fuera un país normal. Si Venezuela contara con una democracia que medianamente funcionase, el régimen de Caracas se vendría abajo como si fuera un vidrio roto: ¡en mil pedazos!

Porque las condiciones para un reventón, para que el pueblo estalle en este momento, son de librito. Por muchísimo menos de lo que está atravesando el país ahora, como lo narro en el libro “CaraE’Crimen”. Venezuela explotó el 27 y 28 de febrero del año 1989. Con todo y el saldo de la masacre ordenada por Carlos Andrés Pérez, perpetrada a plena luz del día, en el medio de la calles y también en la más completa impunidad. En cambio en este momento, con condiciones aún más diabólicas que las existían en aquel entonces, en el país no pasa nada.

Lo que sí que ha cambiado es que la Venezuela del siglo XXI, que usurpan estos traidores, se superó a sí misma en cuanto al chantaje, al robo, al terror, a la persecución y a la más completa y total corrupción, como jamás y nunca antes se había visto.

Y, encima, el régimen se compró una oposición de vitrina. Arrendó con lochas a unas extintas fuerzas políticas, que hoy solo se arrastran detrás de los verdugos de todo el pueblo venezolano; que solo espera caiga algo de la rapiña institucionalizada sobre un país indefenso, para echarle manos. Un grupo de cretinos y malos venezolanos que se reparten el país con el régimen, a cuentas de mantener mordidas sus lenguas y bien cerradas sus bocas.

Sin embargo, la exigencia nacional en dolarizar e indexar los salarios y las pensiones en Venezuela ha puesto al desnudo, al descubierto, a un gentío. Mientras el régimen, que no consigue cómo hacer perdurable su chueca ecuación de bienes vendidos en dólares en contra de los bolívares en que realiza sus remuneraciones, ve peligrar su proyecto de maquila al estilo cubano.

También un mezquino y muy miserable pedazo del sector privado venezolano se retuerce los bigotes porque le agrada la trampa de Maduro y de sus jefes de La Habana. Un país/maquila es un excelente negocio, sino voltéense a mirar a India y a Paquistán, por ejemplo.

En cuanto al aparato público, dentro de su proyecto de reducir el tamaño de las empresas de servicios controladas por régimen, mientras más gente se largue del país, vía el Darién, pues mejor que mejor.

Mejor que mejor ante la batería de privatizaciones con fines de asignación de los grandes servicios públicos, a aquellos amigotes del régimen, de adentro y de afuera del país, con los cuales se van a quedar.

De ahí que a un gentío de los badulaques que le hacen oposición por encargo al régimen hayan sido víctimas masivas, sobre el asunto de la indexación y dolarización de los sueldos y pensiones en Venezuela, de ataques sorpresa, de gatos furiosos que les han comido la lengua. ¡NO TIENEN VERGÜENZA, VALE!

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