CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Oficiales y soldados no se dejen

Hasta el mafioso de Padrino López está preocupado. Ya no haya cómo metérsele al choro colombiano para que le apruebe un aumento de sueldos importante, que cubra las necesidades de los militares de rangos medios dentro de las fuerzas armadas.

Para la NARCOGUARDIA NACIONAL y los efectivos que jefean fronteras y carreteras ese problema no existe. A todos ellos se le ha dado la orden de rebuscarse; en la calle es que están los dólares, que vean cómo se los consiguen.

Y así, usando las mismas formas de remuneración que utilizaban los jefes de las viejas montoneras con sus peones, rápidamente convertidos en soldados de las guerras civiles del oscuro siglo XIX venezolano, en la Venezuela del siglo XXI el régimen está corriendo la arruga con los sueldos y salarios de los rangos medios de las fuerzas armadas.

El problema se le pone grande a Padrino y al colombiano, cuando se trata de aquellos otros militares que no están en la calle. Que están en lo que queda de los buques de la Marina o dentro de las oficinas de planificación, o los que, simplemente, no están con su alta oficialidad embarrados con los cargamentos de drogas, aseguramiento de los laboratorios y demás actividades propias de los más altos oficiales de la patria.

El sueldo de todos esos militares es un poquito más alto que el que reciben los maestros o los trabajadores de SIDOR y, en general, los trabajadores y empleados púbicos y privados. La consecuencia inmediata es que el número de solicitudes de baja está aumentando exponencialmente.

Por cierto, muchas de ellas ni siquiera son consideradas, ni mucho menos aceptadas. De hacerlo, las fuerzas armadas se quedarían peladas. Así que, como en Cuba, o desertan o se resignan a ser esclavos por no-sé-sabe-cuánto-tiempo de la alta oficialidad, que está haciendo de nuestro país una gran letrina.

Pero siempre hay una tercera opción: ¡revélense! Los cubanos los zapean en los cuarteles, pero también les roban el dinero de lo que podría ser un sueldo digno y una actividad que en Venezuela podría volver a ser vista como honrada, como decente.

Por cierto, todos usted también lo saben: el país hoy los mira como cómplices silenciosos de este despropósito. ¡El país los tiene metidos en el mismo saco que sus asquerosos altos oficiales de la “patria”!

Y, cada vez, como a cualquier maestro de escuela, a ustedes los tienen más jodidos. Porque para esos altos malandros de la patria, ustedes, soldados y oficiales, no son nada especiales. ¡No se dejen! Sigan el ejemplo del despertar de la clase trabajadora que continua en la calle luchando por sus derechos y porque el régimen tiene con que aumentar los salarios a todos.

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