CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Paso a paso

Una extraña Venezuela camina en el medio de una cuerda floja, donde solo los enchufados, el régimen y su oposición logran mantener el equilibrio.

Mientras que para el cierre del año las grandes mayorías que viven en el país no tienen ya de dónde sacar para nada, las minorías bullangueras viven a lo grande.

Conciertos privados de Eros Ramazzotti, casi que cantados en el oído del fiscal general. Centros comerciales y hoteles de cinco estrellas adornados e iluminados como si la luz en el país nunca se fuera. Un gentío haciendo turismo endógeno a precios parecidísimos a los de la Riviera Francesa o la Costa Brava española. Total, una foto en negativo y en positivo de una misma Venezuela.

Ambas, por cierto, existen. Ambas conviven. Solo que una es muchísimo más chiquita que la otra.

Si nos quejábamos en la Cuarta República de las grandes diferencias de vida y de la bochornosa corrupción que pintaba esos feroces matices, ahora podríamos enloquecer.

Qué Campana de Ginny ni-que-ocho-cuartos. Allá, en Venezuela, ahora las diferencias se sacan por la gente que se mueve de un lado a otro a pie, y los enchufados que viajan en camionetotas de estreno, siempre escoltadas por algún payaso vestido de verde oliva, que les arregla el paso cuando los semáforos de las calles están en rojo.

Entre los que comen o compran lo que quieren en bodegones y negocios de iraníes o sirios, y el resto del país que junta lochas para comprar un poquito de carne molida y juntarle un huevito para dar de comer a toda la familia.

Los que se sacan del bolsillo una paca de dólares amarrados con una liga para pagar lo que sea y el resto de la Venezuela que cobra su sueldo y sus pensiones en bolívares muy devaluados y que nunca les alcanzan para nada.

Si las mayorías en Venezuela quieren realmente avanzar un paso, solo un paso más allá de todo ese infierno, tienen que montarse como una sola persona en empujar, en presionar tanto al sector privado como al sector público por la indexación de los salarios y de las pensiones en nuestro país.

Venezolanos: ¡Una cosa primero, y luego vamos por lo demás!

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