CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Peligrosísimos aventureros

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

Es muy fácil derramarle todas las culpas al “omnipresente” Foro de San Pablo. O responsabilizar a la muy “eficiente” Cuba. O quizás a la poderosísima Nicaragua de Daniel Ortega. O, tal vez, a los cerebros más vagos y holgazanes de los partidos de la izquierda latinoamericana; los mejores para hablar paja de manera interminable y nunca concretar nada que valga la pena.

Eso sería muy sencillo. El asunto es que, el retroceso de la democracia en toda América es responsabilidad directa de la bajísima capacidad de ofrecer respuestas públicas de contenido por parte del liderazgo político tradicional de nuestro continente.

Fueron Velázquez y Caldera en Venezuela, los incapaces de construir algo útil para todo un país desde el poder. Pero geniales para terminar de empujar la caída de todo el sistema financiero venezolano con el propósito único de sacarse viejos clavos y cobrar antiguas rencillas políticas.

Fue la propia democracia chilena la que construyó la alternativa del señor Boric. Un individuo que solo parece preocuparse en la forma de cómo llamar a las mujeres del siglo XXI. Aun cuando la enorme deuda social del estado chileno, en cuanto a educación e inclusión social, se mantenga pendiente.

O la Colombia del presidente Duque que, tras cuatro largos años a velocidad inercial, se termina debatiendo entre un delincuente redimido y un caballero con incontinencia verbal, sin historia útil en lo político, en unas elecciones con final de fotografía. Es decir: ¡nada con nada!

No son necesariamente los malos de la película quienes le han dado el garrote a esta camada increíble de ciegos, tuertos, mochos y cretinos que gobiernan nuestros países en estos tiempos. Ha sido la ausencia de verdaderos hombres de estado, de verdaderos expertos en producir prosperidad social, que ha dejado los espacios de poder en las manos de todos estos mentecatos.

Personajes de la picaresca latinoamericana que concentran toda su energía en la discusión sobre el cambio de la dirección del cuello de un caballo dibujado en un escudo, coserle una estrella más a una bandera, cambiarle el nombre a una autopista o jugar con los símbolos de una ciudad.

Ha sido esa clase sonsa, y también muy corrupta, la que ha gobernado nuestros países sin propósitos realmente claros, quien le ha abierto las puertas del poder de par en par a esta “nueva” elite de acomplejados y PELIGROSÍSIMOS AVENTUREROS.

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