CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Plataforma de paz o la paz de los sepulcros

Dejémonos de bromas. En Venezuela ni tenemos vestales ni hay vacas sagradas. Gústele a quien le guste, el camino de la Falsa Oposición de hoy es el mismo que anduvieron Capriles, Juan Guaidó y Manuel Rosales en el pasado, imposible de olvidar. Y en todos los casos, con igual destino: ¡ningún lado!

Yo, Pablo Medina, ni la compro ni la vendo. Pero eso sí, ni ella ni nadie, en medio de este arroz con mango que resulta ser Venezuela, me puede hacer creer en una ruta institucional, la de los votos y la de los arreglos para salir de la peste del siglo XXI. ¡Esa no existe!

La más reciente comprobación de lo que afirmo: 10.5 millones de fantasmas electorales inventados por el capo don Elvis Amoroso dentro del garito del CNE para el referéndum del 3 de diciembre. De ahí, para arriba o para abajo, todo es trampa.

Como no creo ni en aparecidos, ni en cuentos de sabana, ni tampoco en la buena fe del Departamento de Estado de Estados Unidos. Yo hace tres años que dejé de creer que el gobierno federal de este gran país era nuestro “ángel protector”, nuestro aliado en la recuperación de los derechos humanos pisoteados en Venezuela y en el esfuerzo por el regreso de la institucionalidad democrática de verdad-verdad en nuestro país.

De estos “nuevos amigos” solo espero a la CHEVRON sacando más petróleo y más gas en Venezuela, para que lo rematen al precio de mercancía robada los rufianes de la fulana revolución. Además de cualquier nueva entrega de otro pillo rezagado que aún no haya sido devuelto a las manos del régimen de Caracas. Es cosa de poco tiempo que también suelten al «Pollo» Carvajal y a Alcalá Cordones, los cuales ahora resulta que seguramente ni conocen ni saben nada del Cartel de los Soles.

La Sacrosanta Unidad en Venezuela no pasa por la repetición reiterada de los mismos errores. Ese cuento, hecho chantaje con mala y hasta también con buena intensión, ya no funciona. Al menos no conmigo.

Son casi tres décadas de candidatos infalibles de la estatura de Arias Cárdenas, Rosales, Capriles y la Falsa Oposición, poniendo en la rockola el mismo disco rayado de siempre.

Y mientras, casi tres décadas después, ninguno está montado ni empujando la verdadera agenda-país que mantiene de rodillas a Venezuela y al venezolano. Todos ellos esperan el triunfo electoral, ganar las elecciones y que Diosdado les entregue el gobierno, para coger el toro por los cachos. Para que el venezolano vea finalmente luz.

Mientras que, el hambre que padece el pueblo venezolano es de hoy por hoy, de ahorita. Los salarios y las pensiones que reciben los trabajadores en bolívares que no dan para comprar ni lo más básico para medio vivir, son ahorita. Lo mismo que el sistema de salud público que está privatizado en manos de delincuentes que se disfrazan con batas de chicheros y ninguno dice ni pío. Ese desastre humano está cobrando miles de vidas humanas ahorita, no después; ni cuando a Padrino los cubanos le den permiso para entregar el coroto.

La espantosa crisis de electricidad, de agua, de vialidad y de todos los servicios en Venezuela que todos, todos sin excepción, tienen a cuestas con un retraso en calidad, mantenimiento y total falta de inversión de más de 30 años-luz, permanece en el silencio del supuesto liderazgo nacional.

Por eso, conmigo, con Pablo Medina, no cuenten. Yo no voy a sumarme a la plataforma de la paz y del sosiego que le garantice un agradable clima de continuidad en la práctica del delito al régimen otra vez y por más tiempo. Y no voy ni a traicionar ni a vender mi alma, ni mi conciencia, ni a mi país solo porque Blyde y sus otros rufianes hayan arreglado un “aquí no pasa nada” con Jorge Rodríguez.

Mantengo lo que digo: ¿Quién coño los calificó a todos ellos y los autorizó para negociar y comprometerse por millones de venezolanos que los detestan, que los tienen por la otra versión, la otra cara de la fea moneda que son los trúhanes bolivarianos, para que supuestamente nos representen como nación?

Todos esos acuerdos y compromisos entre bandas se caen de Maduro: mantener un ambiente de laboratorio, de falsa tranquilidad social y pseudoinstitucionalidad, con el único objetivo de que el régimen continúe rueda libre, se vea bonito, pero continúe haciendo lo que mejor sabe hacer: ¡Acabar con Venezuela!

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