El Fogón de la Editora

POR LOS CUATRO COSTADOS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Desde Táchira hasta Tucupita. De Caracas hasta Puerto Ayacucho. En los cuatro costados de Venezuela están derramadas de calles y avenidas con gente. El venezolano, hasta la coronilla de tanto mal gobierno, salió de sus casas exigiendo salarios en dólares indexados, que le permitan ganarle la carrera al hambre.

Al régimen de Maduro le están explotando en la cara, finalmente, todos sus años de incompetencia criminal como mandatario de mentiras. Su capacidad, junto con la de todos sus pillos, no les da ni para manejar una pulpería, muchísimo menos intentar administrar a un país petrolero. De “esos” que llevan añales, por más que floten sobre crudo, que no produce ni su propia gasolina para el consumo interno.

Un país que tiene que asistirse con empresas como CHEVRON, que el propio régimen dice de la boca para afuera, responde a los intereses del país cuyo gobierno denuncia ser el peor enemigo de su payasada del delito, que ellos llaman revolución. Porque sin CHEVRON, la extinta petrolera venezolana no es capaz de extraer ni de colocar en los puertos de embarque del país ni una sola taza de petróleo.

Asesinos y ladrones de barrio, incapaces y sin moral, se han robado, y aún se roban, todo aquello que pasa por sus manos que tenga algún valor, público o privado. Para ellos ha sido igual.

Ellos y sus cómplices han hecho de nuestro país un inmenso campo de exterminio a cielo abierto. Allá todo se compra en dólares, mientras que la gente recibe sus sueldos y pensiones en míseros bolívares, cada vez más y más devaluados.

Además, todos estos fulanos no tienen absolutamente nada en positivo que mostrarle al país. El saldo de estos rufianes, luego de más de dos décadas en el poder, es solo un abultado prontuario de delitos de todos los tamaños, que ha acabado con Venezuela.

Por eso es que ahora el país, que ni quiere irse ni se va ni desea que lo saquen, exige al sector público y al sector privado que paguen sueldos y pensiones en la misma moneda en que se consiguen todos los bienes y servicios que se transan en Venezuela.

En Venezuela, desde hace mucho tiempo, la protesta social dejó de ser sin forma y sin contenido. El hambre y las tremendas necesidades de nuestros hermanos venezolanos tienen límites. Y, como dicen en mi pueblo, las calamidades tienen cara de perro.

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