CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Portazo

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

A pocos metros de la frontera Sur de Estados Unidos, cientos de venezolanos que han rodado a través de todo del subcontinente centroamericano, reciben un PORTAZO en plena cara.

Pobladas enteras de caminantes venezolanos, escapados de la miseria en Venezuela, chocan con una impenetrable medida migratoria norteamericana que les hace imposible soñar con el sueño americano, por más cerca que ya esté de ellos. Porque a partir de ya, solo entrando por avión a este país y previa fianza de alguien que te apoye desde adentro, permitirán el acceso de nada más que a 24 mil venezolanos pelabolas.

Con esta medida “humanitaria” de la administración Biden/Harris, Norteamérica pone punto y final al feo capítulo de una Venezuela miserable demasiado expuesta; a la Venezuela de las fotos y videos de familias enteras cubiertas por el barro del Tapón del Darién, escabulléndose a través de media docena de países y, finalmente, quitándoles el negocio tradicional a los Coyotes de la frontera mexicano-norteamericana, para buscar protección en Estados Unidos.

Por cierto, esta última acción de la Migración Norteamericana tiene el mismo estilo de la también medida “humanitaria” expedida por la administración Obama/Biden, el día antes de entregar el coroto al presidente Donald Trump. Aquella que puso punto y final al viejo salvavidas del pueblo cubano para conseguir su libertad: la Ley Pies Mojados, Pies Secos.

Y, antes que se me sumen más enemigos a los que ya tengo, debo decir que Norteamérica no es responsable de nuestras desgracias. Es verdad, es muy cierto: esta calamidad a cielo abierto en que se ha convertido Venezuela no es culpa ni del gobierno ni del pueblo norteamericano. ¡Hay que reconocerlo!

Es un acto de responsabilidad con la historia: el infierno que es Venezuela hoy, lo encendimos todos nosotros, solitos. Venezuela es un país destruido a muchas manos. Manejado por un régimen hampón, asociado con fuerzas del mal y fuerzas armadas extracontinentales de invasión, que llegaron al país invitadas por estos desgraciados, sin necesidad de disparar un solo tiro.

Ah, pero también Venezuela cuenta con una clase política embustera y vendida al régimen, que le ha puesto alma y bolsillo a su ruina; haciéndose pasar por opositores. Engañando con charadas electorales a través de máquinas de votación arregladas, registros con votantes activos con 125 años de edad, y unas NARCOFUERZAS armadas que aseguran que el golpe salga como fue planificado.

El asunto en todo este ASUNTO es que las múltiples oleadas de migrantes desesperados que se han echado a los caminos de la América del Sur, como a los de la América del Centro y al resto del mundo, siempre se intensifican, siempre aumentan, en momentos “estelares”; según la estadística que manejamos.

El éxodo se dispara, se exacerba, justamente cuando se cierra un nuevo capítulo de la complicidad electoral entre el régimen y su oposición de parapeto. Tras cada payasada electoral en Venezuela, se incrementa la hemorragia de venezolanos huyendo del país.

Y, últimamente, cada vez que el gobierno norteamericano suaviza las sanciones en contra de los malandros del régimen de Caracas y de sus enchufados; el venezolano espantado se echa a correr más rápido del país.

No les quiero decir como saltó el termómetro de la fe, la tolerancia y las expectativas de mejora nacional, cuando el presidente Biden indultó y cambalacho a los NARCOSOBRINOS de Cilia Flores, por la media docena de enchufados de la CITGO-PDVSA roja-rojita, pero con pasaporte norteamericano. ¿Se entiende, verdad?

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