Opinión

Presagio

Orlando Peña / Venezuela RED Informativa.us

Hay personas que desarrollan la capacidad de vislumbrar en una señal, en un gesto, en un sueño, en un pensamiento, en una acción, un acontecimiento, una tragedia, imposible de detener. Pero del mismo modo pueden sobrevenir presentimientos para el bien. Resulta ser un lenguaje de signos y señales invisible, misterioso, que nadie sabe cómo aparece en el alma del individuo que predice el fenómeno. Inexplicablemente entidades sombrías se imponen para que ocurra, cuando se trata del mal. Nada puede evitar el suceso. Ya está predeterminado por el destino. Es inevitable. Otras veces el incidente sorprende a la persona en el instante sin darle tiempo de reaccionar para impedirlo.

Una situación como la precedente se desarrolla en la obra La isla de las madréporas de Ramos Sucre. La historia comienza cuando la luna realiza una mueca que aterroriza a los salvajes que viven en ese arrecife, quienes incriminan del hecho al ogro nocturno por haberle causado un daño al satélite. Es el primer anuncio de una desventura que estaba por ocurrir. En la continuación del relato se percibe que los salvajes no acertaron al señalar que la molestia del astro la ocasionó el ogro nocturno. El gesto de la luna surgió de su propia determinación en la que vio el presagio de la muerte.

Entonces apareció en escena un joven apuesto, cazador, integrante de los salvajes que habitan la isla, quien decidió salir a cazar una ballena. Sus compañeros alaban su linaje y sus proezas como cazador y escalador de montañas. En oposición a esta faena que va a realizar el joven surgió un lamento del bosque que se hizo más intenso cuando se desplazaba en su embarcación, seguido por sus compañeros desanimados. Esta lamentación es el segundo mensaje que predice la consumación de un infortunio que va a suceder.

El ambiente es de una noche clara, serena, silenciosa, de luna llena, luminosa, brillante, plenamente redonda. Todo parece estar tranquilo. ¿Pudo la luna llena causar un efecto enigmático sobre el alma del joven salvaje? ¿Alteraría su estado de ánimo, sobreexcitando su comportamiento, con una carga de energía desbordante, con un exceso de pasión? ¿Por qué surgieron lamentos como ecos de la frondosidad del bosque? ¿Quién los motivó? ¿Por qué sus compañeros se resistían a continuar acompañándolo en su propósito a pesar de haberlo animado?

Tener la audacia de cazar una ballena es una hazaña complicada, sobre todo si una sola persona pretende llevarla a cabo, aun siendo un experto cazador. La alabanza de sus compañeros lo impulsa a acometer semejante labor. Además su juventud lo convierte en un ser rebelde que crece y se desarrolla en una isla, en medio de un habitad salvaje, vital, rodeado del océano. Pero las circunstancias cambiaron su propósito. Extrañamente omitió las señales que le dio la naturaleza. Mientras se desplazaba en su embarcación distinguió un pez al que trató de alcanzar y atrapar inútilmente, que no era precisamente una ballena sino un pez insignificante. Ante esta infructuosa situación sus compañeros protestan y le plantean el regreso. Pero ya es tarde para el joven cazador quien trató de capturar el pez y perdió el control al quedar enredado en el nailon del arpón que debilitó la energía de su brazo y salió disparado, arrastrándolo el pez lesionado a la profundidad desconocida de la fosa oceánica, siendo el lugar del suceso rodeado por una profusa cantidad de gaviotas durante mucho tiempo. Esta vez el mar fue el escenario donde se extinguió la vida de un joven que poseía condiciones excepcionales, promesa ideal de una sociedad natural.

ojp5@hotmail.com

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