CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Presidente Gabriel Boric

A la nación venezolana no deja de horrorizarle la posible reedición de la Operación Cóndor, aparentemente, permitida por usted como presidente de Chile. Quiero hacer un poco de memoria. Luego del Golpe de Estado de 1973 y de la instalación de una de las más feroces y sanguinarias dictaduras en América, mi país, Venezuela, acogió y protegió a cientos de miles de chilenos que huyeron despavoridos de su país.

Perseguidos por una corporación del mal conformada por los gobiernos de facto de aquel entonces en su país, en Argentina, Uruguay y Paraguay, Venezuela se propuso como política de estado cuidar y darle hogar a exfuncionarios del gobierno del depuesto presidente Salvador Allende, y a cuantos migrantes de su país entraran en el mío.

Presidente Boric, como un solo dato curioso, le cuento. Cientos de profesores universitarios, por solo poner un ejemplo, que llegaron con lo que tenían puesto, sin ningún tipo de credenciales, fueron incorporados a nuestras principales universidades casi que de manera inmediata. Sin formalismos, ni ningún tipo de duda, pasaron a formar parte de la plantilla más consentida y mimada del sistema educativo venezolano; en un abrir y cerrar de ojos se integraron y nutrieron como si fuesen también venezolanos a las comunidades universitarias y de producción intelectual en nuestro país.

Un pueblo amigo se estaba desangrando por la violencia de una dictadura feroz y por los inhumanos ensayos de políticas macroeconómicas que estaban pulverizando el futuro de la gente corriente. Y Venezuela, como una sola persona, los socorrió. Como también lo hicimos con los millones de colombianos, peruanos, bolivianos, ecuatorianos, argentinos, uruguayos, cubanos y de cualquier otro lugar del mundo que fueron a dar a nuestro país, próspero y seguro, buscando rehacer sus vidas y echar «palante» a sus familias.

Ahora resulta que, cincuenta años después, en condiciones lamentablemente parecidas, mi pueblo se derrama por toda América y el Mundo. Y para muchos, todos los venezolanos somos portadores y transmisores de la peste bubónica. Y el caso es que mafias enrolladas en el poder sobre un país inmensamente rico en recursos, han hecho de Venezuela un infierno que ha empujado a más de 8 millones de personas en menos de 10 años a huir igualmente despavoridos de su tierra. Simplemente: ¡nos hemos desbordado!

Presidente Gabriel Boric, muchas de esas personas han llegado y están en su país. Trabajan, estudian, poco a poco se “chilenizan”. Muchas de ellas, como cientos de médicos excelentemente formados con los recursos del petróleo venezolano, hoy cubren el déficit profesional, altamente capacitados, de las muchas vacantes y necesidades sanitarias chilenas.

Por supuesto, en medio de esta situación de descontrol de una de las corrientes migratorias más caóticas que se han sucedido en nuestro continente, con toda seguridad les habrán llegado también individuos indeseables y delincuentes. Pero ni son todos, ni todos los venezolanos somos unos rufianes.

Bastardos y rufianes parecen ser algunos personajes de la picaresca política de su país, que hoy en día convocan marchas y acciones de xenofobia antivenezolanas, con la promesa violenta de pedir a su gobierno deportaciones masivas.

Progroms de migraciones forzadas en pleno siglo XXI no parecen tener ningún sentido, a menos que estén convenidos con los objetivos de naturaleza internacional que seguramente persigue la dictadura en Venezuela, junto con los siniestros cómplices con que cuenta en todo el mundo.

No queda de otra. Presidente Boric, todo indica que el largo brazo criminal del régimen de Venezuela ha conseguido pasar por encima de las leyes de su país y violentar la seguridad de su propio estado, secuestrando al teniente Ronald Ojeda, quien es buscado por el régimen de Caracas como desertor e individuo de la Resistencia a la dictadura en Venezuela.

A Orlando Letelier, excanciller del gobierno del doctor Salvador Allende en los años 70, también lo consiguieron y asesinaron acá en Estados Unidos. Justamente la organización de la cual le hice referencia al principio, fue la responsable de aquel infame crimen: la Operación Cóndor. Ella se encargó de dinamitar su carro en plena ciudad de Washington.

Sin duda alguna ello sucedió por una serie de nefastas complicidades que existían entre la administración Nixon y el consentido del Departamento de Estado para aquella época, Augusto Pinochet.

Dígame Presidente Boric: ¿acaso estamos en medio, 50 años después, de una situación infernalmente parecida entre el gobierno que usted preside en Chile y el régimen que usurpa el poder legítimo en Caracas?

Porque mientras más claro hablemos y mejor conozcamos las posiciones de cada uno, mucho mejor nos entenderemos en el futuro. ¿No le parece?

Por eso, Venezuela: ¡no te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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