CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Que se oíga

¡Ninguno de ustedes va a poder conmigo, miserables traidores! Ya van por el segundo intento. Otra vez jaquean mi teléfono, ponen a unos malandros igualitos que ustedes, que ni saben escribir, a pedir dinero en mi nombre.

Yo no oculto nada. Estoy en el exilio porque el régimen ordenó detenerme y vivo con mi hermana en un apartamento en Miami. Llevo una vida de lo que soy, no tengo carro, no puedo darme ningún lujo, pero nunca, nunca en mi vida le he cogido un medio ni a mi país ni a nadie. Así que no pido por WhatsApp para que “me zumben un repele por Zelle”. ¡Por favor! Mi conciencia está tranquila.

Ah, pero eso sí: fui, soy y me moriré siendo un hombre que ama a su país, Venezuela; y respeto y siento, y hago todo lo que tengo que hacer a mi alcance para que nuestra gente sea libre y próspera. Y llevo una vida digna, muy digna.

Y, para todos los jóvenes y no tan jóvenes que me leen o que me escuchan a diario, que me ven declarar, brincar, meterme por todos lados y denunciar la pesadilla que vive nuestra nación fuera y dentro del país, soy Pablo Marcial Medina Carrasco, su seguro servidor.

Soy un hombre que desde chamo está metido en esto de la política, en pensar a mi país y en luchar por lo que creo. Nací en un pueblo de Venezuela que una vez fue la capital de lo que con los siglos se convertiría en nuestro país, El Tocuyo. Fui trabajador siderúrgico, matancero con mucho orgullo. Fundador de sindicatos, partidos políticos, luchador con los trabajadores de mi tierra. También fui diputado, senador y hasta constituyentista; y uno de los cinco que no firmó la constitución de 1999, porque no acepté en lo que convirtieron a una buena idea en otra payasada más, en un país con liderazgo de crimen y circo.

Y no voy a parar. Mañana salgo con un grupo de luchadores latinoamericanos hacia la capital de este poderoso país: Estados Unidos. Tenemos que decirles a los líderes del Congreso, que el Departamento de Estado tiene una política de micrófonos y una práctica distinta para relacionarse con los hampones del régimen de Caracas; es decir una salsa para el pavo y otra muy diferente para “cocinar” a la pava. Vamos a denunciar el holocausto que se comete con nuestros niños, vamos a denunciar los salarios de hambre de los maestros y trabajadores y, también, que nos apoyen para que se cumpla la sentencia del TSJ en el exilio. Asimismo la sentencia del Departamento de Justicia conta Nicolás Maduro.

Pero que al final solo está consiguiendo que la CLEPTOCRACIA venezolana profundice cada vez más el hueco de la corrupción, de la miseria y de la pobreza en todo nuestro pueblo.

Y seguiré haciendo micros, podcasts, marchas y cualquier cosa que sea para hacerle la vida cuadritos a tanto desgraciado, a tanto maleante, que tiene a mi país en la ruina; sin importarme en qué lado digan todos estos pillos donde es que están. Porque para mí solo hay una esquina, un lado, un partido: Venezuela. ¿Está claro, verdad?

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