CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Razones para protestar

Dentro o fuera del país, quien no se monte en empujar al sector público y al sector privado para conseguir la dolarización e indexación de los salarios y de las pensiones de todos los venezolanos, es un miserable. Así, facilito, porque ¡hablamos de un asunto de vida o muerte para toda una nación!

Venezuela no está para concursos de popularidad entre los cuatro gatos de la oposición, ni para tomarse en serio los embustes de unas falsas Elecciones Libres organizadas por el régimen del truco y de la trampa electoral.

La única Agenda que la Venezuela trabajadora tiene real interés en resolver, consiste en la recuperación de la capacidad de compra que han perdido las familias que viven dentro del país. Y con sueldos, salarios y pensiones recibidas en bolívares estáticos y no enganchados, ni a la moneda ni al crecimiento de todos los precios en el país, el venezolano esta irremediablemente condenado al hambre, es decir, al genocidio.

Tanto los desgraciados del siglo XXI como su oposición manganzona han permitido que el venezolano este condenado a recibir solo bolívares en forma de salarios o pensiones, pero a pagar todos los precios en unos dólares que brincan a galope tendido todos los días, alejando cada vez más los bienes y servicios que necesita la familia.

Nada más un ínfimo porcentaje de enchufados de la población en Venezuela recibe ingresos iguales o por encima de lo que le cuesta a una familia vivir en nuestro país. Lo del hambre en Venezuela no es cuento. Cuento es en lo que está pensando toda la clase política en nuestro país, cada vez más y más desconectada de la miseria nacional.

Allá, en Venezuela, solo unos pocos están pensando en el compartir de navidades, en el intercambio de regalos, en los negocios con el régimen y en el pernil con que lo piensan acompañar. ¡La mayoría en Venezuela ya no tiene ni con qué ingeniárselas!

En Venezuela, supongamos, si el régimen no está desarrollando un plan de genocidio de estado, entonces estanos en presencia de un nivel de torpeza económica igualmente criminal. La evaporación de la capacidad de compra de los salarios y de las pensiones en el país tiene encerrado al venezolano en una espiral de pobreza y de hambre como jamás antes había conocido. Sin duda alguna, “Hecho en Revolución”.

Lo que quieran hacernos creer cualquiera de las dos bandas de mafiosos que se reúnen en México, que dicen estar haciendo por Venezuela, es una gran mentira. Porque nada, nada, puede ser más importante que salvarle la vida a la nación venezolana, atrapada en medio de una tierra de nadie, en donde las grandes mayorías simplemente se están apagando como si fuesen cabos de velas, en un estado de desesperación en el que muchas veces las madres no tienen nada que dar a sus hijos, y en el que miles de niños han sido retirados del sistema escolar. Por eso, al que me escucha y lee, lo invito a participar en el paro cívico convocado para el 15 de diciembre por Sindicatos y Sociedad Civil.

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