CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Rejas ensangrentadas

A punta de palos es como lleva a los presos políticos el Tren de Miraflores a los siniestros lugares donde los tienen secuestrados. En especial se ensañan con los más emblemáticos. No tienen piedad alguna con aquellos que han demostrado estar más comprometidos que otros en sacarlos del poder. En especial es sobre ellos sobre quienes descargan su miedo de cobardes; en forma de furia y torturas inmisericordes contra inocentes desprotegidos.

Con torturadores de oficio, cubanos e iraníes, los sádicos que están matando día a día a los presos del régimen están tratando de tapar su miedo, su terror por lo que les va a pasar a ellos una vez que caiga el régimen de Maduro.

Porque hay un Dios muy grande en los Cielos. Y esos desgraciados sin bandera, sin madres y sin patria la tienen que pagar. Tanta maldad, tanto crimen oculto, tanto terror escondido a las sombra de tantas y tantas Tumbas que han ido creando con el paso de los años tiene que cobrarse. ¡Y con intereses! ¡No puede haber clemencia para ellos!

Pero en especial, no puede haber piedad alguna para todos aquellos venezolanos que siguen las órdenes de los criminales importados del régimen. Esos malvados sin una gota de humanidad con los cuales la basura del siglo XXI ha desarrollado su sistema de terror oculto. Su sistema de intimidación social, montado para disuadir cualquier tipo de disidencia posible. ¡Ojo por ojo, diente por diente!

Así como a los esbirros de la Seguridad Nacional de Pérez Jiménez les tocó huir o esconderse debajo de las piedras; es mejor que todos esos psicópatas alcancen a montarse en los aviones que sacarán del apuro a sus jefes de Venezuela cuando les llegue la hora.

Porque sino el pueblo, las madres y hermanas, los amigos y parientes, el país decente que somos la gran mayoría, vamos a cobrar justicia, o venganza, o como lo quieran llamar, por el daño tremendo que esos criminales, agazapados a la sombra de un estado corrupto y asesino, está matando día a día a cientos de hombres y mujeres olvidados en las mazmorras del Tren de Miraflores.

Denunciamos ante el mundo la detención ilegal y la tortura permanente que padece el capitán Antonio Serpa, a quien el régimen está destrozando física y mentalmente día tras día en la cárcel de El Rodeo. Igual que al teniente coronel Igber Marín, al capitán Juan Carlos Guacarapano, quien yace en su sitio de reclusión enfermo y sin ningún tipo de asistencia médica, ni tratamiento alguno desde hace meses. El teniente coronel Guillermo César Siero, el general Hernández Acosta, el primer teniente José Montiel García, Josmar Baduel, Oswaldo Castillo, Wilder Vázquez, Hugbel Rojas, Ebro Delgado, César Omaña, Daniel Romero, el coronel Juan Rodríguez Dos Santos, Anyelo Heredia, el coronel Oswaldo García y tantísimos otros en manos de los peores psicópatas del más perverso régimen que alguna vez haya pasado por Venezuela.

Cebados con su propia gente, a ninguno de los golpistas del año 1989 se les trató de esa forma tan inhumana, tan miserable y tan poco de nuestra tierra.

A quienes cayeron presos por los intentos de golpes de estado del 89 fueron tratados como “niños mimados”; a todos, de Chávez para abajo, fueron convertidos en héroes de hojalata, premiados por sus fracasos.

Es por eso que, degenerados como Miguel Rodríguez Torres, no podrán nunca, nunca más, vivir tranquilos. Por más que hoy atienda su protección el servicio de inteligencia y seguridad del mismísimo rey de la baraja, allá en España.

En algún momento se le caerá la armadura que le ha alquilado el estado español, gracias a la cual vive protegido de sus fechorías, impune e inmune a las cuentas que debe entregar a la justicia de los hombres y a la de Dios por tanto daño que ha hecho a tantos y tantos venezolanos.

Mientras que hoy, mientras les cuento todo esto, ese miserable vive feliz y despreocupado, disfrutando de los reales que les sacó a sus víctimas a punta de tormento y de golpes. ¡Señores, es que de la Venezuela del siglo XXI todavía hay mucho que contar!

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