CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Réquiem por la CITGO

Para Venezuela, para los venezolanos de esta y de la siguiente generación, la CITGO se jodió. Al fin, principalmente los miserables que dicen ser venezolanos, como zamuros, se tragaron a pedazos la CITGO en un remate judicial sin que la república hiciera algo para evitarlo. Con la pérdida de la CITGO para Venezuela se evapora también el último de los intentos del país por internacionalizar y asegurar la producción y la colocación de nuestro crudo sobre empresas propias.

La CITGO va a ser rematada a Venezuela y a todos los venezolanos por un valor judicial muy por debajo del que ella tiene. Sin mencionar el incalculable peso que ella supone para nuestros hidrocarburos y nuestra posición estratégica como país productor. Algo así como 22 mil millones de dólares en acreencias nos van a arrancar del patrimonio nacional a cambio de una corporación con más de 2.500 estaciones de servicios en todos los rincones de Estados Unidos, tres refinerías importantísimas y un pedazo de Venezuela en las calles de toda América.

Y es el caso que, sin dolientes con verdadero poder y capacidad de acción y ganas de preservar lo que estos hijos de puta del siglo XXI han desbaratado, resulta muy difícil no perder lo que tanto esfuerzo y plata le significó llegar a tener a nuestro país. Habría que hacer un réquiem y colocar una vela por la CITGO.

Quienes han estado detrás de esta historia de latrocinio se han cobrado y se han dado los vueltos. Se trata de los mismos contratistas de los sobreprecios de siempre. Los buenos amigos de Hugo Chávez, quien pateó a la industria petrolera nacional. De todos aquellos gángteres que llevan varios años esperando activamente la ruina de CITGO y del resto del país, para cogerse a precios de liquidación los pedazos de la Venezuela que quede.

Y así, como una mala profecía, como una maldición gitana, Venezuela regresa al tenebroso tiempo del general Juan Vicente Gómez. A la era de las primeras concesiones petroleras.

De los primeros pueblos aceitosos. De la crueldad y de las arbitrariedades sobre los trabajadores con las mismas empresas que son compinches del régimen de hoy; esas mismas que ayer se robaban el petróleo venezolano embarcándolo en buques de doble fondo y hoy lo venden a precios de mercancías robadas, en efectivo y a cielo abierto.

Crudo y más crudo, gas y más gas, para la CHEVRON y sus filiales. Y muchos, muchísimos reales sin control de ninguna especie, solo que para otra dictadura. ¡El mismo musiú, pero con diferente cachimba!
Y el país sin agregarle ni un céntimo de valor al océano de hidrocarburos sobre el cual flota. Y luego de más de 100 años después, los venezolanos quedamos nuevamente por fuera, como las mismísima guayabera.

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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