CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Rodolfo Hernández

Pablo Medina / Venezuela RED Informativa.us

Con todo el dolor de mi alma tengo que decir que, para mí, una parte del electorado que había conquistado RODOLFO HERNÁNDEZ después de la primera vuelta en Colombia, se le escapó de las manos como consecuencia de una reacción visceral colectiva, por haberse venido y quedado en Miami, en la recta final de la campaña. Eso, mucha gente, lo tomó como un síntoma de cobardía.

Implacables, los colombianos, que llevan más de seis décadas viviendo entre atentados dinamiteros, secuestros de la guerrilla, asesinatos políticos y tiroteos entre carteles de las drogas en medio de sus calles y en todas sus ciudades y pueblos, no podía caerle nada bien la decisión de RODOLFO HERNÁNDEZ de venirse a Estados Unidos, con el fin de proteger su vida por una amenaza de atentado.

El viaje extraño en la recta final del oponente de la Colombia violenta a Estados Unidos, mostró las costuras de RODOLFO HERNÁNDEZ. Al sentir de mucha gente en Colombia, Hernández no garantizaba ser un individuo que podría manejar una crisis en su país con el suficiente temple, la sangre fría y la gallardía que se necesita tener.

Malo, muy malo el mensaje que pasó RODOLFO HERNÁNDEZ al pueblo de Colombia. Para nosotros en esa parte del mundo, el pico, la habladera y hasta las altisonancias no son ya ni suficientes ni bastantes para enfrentar, controlar y manejar nuestras dificilísimas realidades.

Para nuestra gente, en esta parte del mundo, se estima el valor de un líder y el arrojo de un hombre, cuando nos convence de ser capaz de conducir a nuestras naciones mucho más allá de las palabras.

A mi juicio Petro no venció a RODOLFO HERNÁNDEZ; a RODOLFO HERNÁNDEZ lo liquido electoralmente la emboscada de una invitación a Miami para sacarlo de su país y, además, su bajísima tolerancia al peligro, que es, al final, la moneda corriente con que se tasa la vida humana en su país, Colombia.

Convendría que la próxima vez que aspire a una primera magistratura, escoja lanzarse en un país como Bélgica o como Luxemburgo. Allá, en esos dos países por ejemplo, las cosas son más “suaves”.

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