Opinión

Rubén Blades oculta sus propias verdades 

Ariel Montoya* / Venezuela RED Informativa.us

Debo confesar que no soy hombre de polémicas continuas, de esas que con frecuencia se dan en nuestra zona hispanoamericana, sobre todo en temas políticos, económicos o literarios, ocasionadas  por esas  fogosas, apasionadas y hasta enfermizas inclinaciones partidarias o ideológicas.

Lo hago ya que carga a mi alrededor la espada desenfundada y ferozmente calumniosa del salsero Rubén Blades, «Rubén Blades está molesto con el triunfo de la democracia en Panamá», así titulé mi última columna internacional. 

Éste se dejó venir sobre mi humanidad -y ética pública-, acusándome de sofista, mentiroso, alucinógeno, y lo que es peor, de haber recibido dinero por escribir dicho artículo de parte del expresidente Ricardo Martinelli. Lo que rotundamente no es cierto. Estoy dispuesto a afirmar ante Dios, la Biblia y cualquier Corte en su país o en Estados Unidos, que jamás he visto, conocido o realizado ninguna transacción financiera con dicho personaje, mucho menos recibir dinero bajo la mesa por parte de él. Es decir, jamás he tenido ninguna comunicación. Ni siquiera por teléfono con dicho personaje, lo que tecnológicamente y bajo sistemas de seguridad se puede comprobar.

Tampoco conozco al nuevo mandatario, al excelentísimo electo presidente José Raúl Mulino. Lamento llegar a este tipo de diatribas, sobre todo con alguien que sólo sabe de trompetas, congas y timbales, quien a la vez subestima a su propio pueblo, el cual ya en una ocasión le negó el voto cuando suspiraba ser presidente y quien, en esta ocasión, llegó a la nirvana de considerar «esquizofrénica» a la contienda electoral, lo que inevitable e inexorablemente lleva a considerar de la misma manera al pueblo votante en general.

Una vez más, el señor de las congas, asombrosamente, a la vez de tratar de esbozar su resentimiento popular, despectivamente se refiere en sus declaraciones post electorales, diciendo que la ciudadanía no tiene un marcado criterio ideológico sino que más bien, está interesada “por el cuento del chen-chen» y del «que hay pa’ mí», basado en el clientelismo político. Tal vez esa sea la causa por la cual el pueblo no ha votado masivamente por él.

Por otra parte, es un tanto informal que, dirigiéndose a mi persona luego de la primera publicación criticando mi nota, haya falseado su criterio original modificando, alterando y enviando la segunda versión (siempre desde su blog personal), a las redes sociales y a periódicos donde se publicó mi escrito,  incluyendo algunos de Panamá, en la que cambia mucho del primer envío, en el cual omite un par de calumnias sobre mi persona, pero siempre despotricando sobre mí, señalándome de «somocista»,  lo que nunca he sido y prácticamente descalificando mi posición de derecha (en lo que creo para desarrollar nuestras sociedades, sin utópicos cantares), y en lo que sí tiene razón el reconocido cantautor de «Ligia Elena», es que soy «derechista», aunque él deja entrever como si esta ideología fuese abominable o hija del diablo. 

Blades mismo oculta sus propias verdades y acepta a regañadientes el triunfo de la democracia.

Reconozco su talento musical, aunque en política su actitud y trayectoria no pasan de ser sueños irrealizables. El hecho de que en estas elecciones hayan triunfado una veintena de jóvenes diputados demuestra el despertar de nuevas promesas, demuestra por sí mismo que no hay visos de esquizofrenia. ¡Enhorabuena! Pero también demuestra que el pueblo votó con civismo y equilibrio, optando por una derecha que, a pesar de no ser quizás la mejor por el pasado de Martinelli, a quien acusa de haber cometido actos de corrupción durante su gobierno, aún continúa en el consciente colectivo ciudadano la remembranza de las buenas obras realizadas, y por eso ganó José Raúl Mulino. ¡Algo tiene de bueno la leche que la bendicen!

Ojalá esta sea una buena administración, ojalá esos jóvenes diputados que el cantautor apoyó sepan lo bueno de la política y no se dejen envolver por las brasas incendiarias de la retórica populista, ni por el desconocimiento de otras raíces del pensamiento político, como el que proviene de la fuente diáfana del liberalismo clásico y el conservatismo humanista moderno, ese que, de aplicarse sin gamonalismos ni afluentes caudillistas o corruptos, hace grandes y felices a los pueblos. Es de esperarse que esos jóvenes diputados apoyados por el cantante hagan un papel, el contrapeso del manejo de la institucionalidad.

Ojalá que el cantante algún día retome y transforme con cantos y acciones verdaderas, que no queden en simples ensueños. Ojalá que el verdadero espíritu de las ideas que han demostrado volver libres y grandes a los pueblos, impere en Panamá; pues su pueblo se lo merece.

*El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional.

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