CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Samuel Moncada, la Chevron y el cabrón de Gerardo Blyde

Una buena parte de los gobernantes del mundo tienen que estar bien requeté jodidos, cuando un fulano como Samuel Moncada es nombrado vicepresidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en representación de la América Latina y del Caribe.

Un tolete de los gobernantes de muchos países del mundo tienen que estar mal, pero muy mal. Una parte bien importante del mundo actual tiene que estar enferma. Con problemas.

Sin siquiera una brújula de piñata que les indique la dirección aproximada del bien y del mal.

Nombrar al representante de un estado forajido como Venezuela como VP de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, es equivalente a designar al régimen de Corea de Norte como garante de los DD.HH. para la actual civilización humana.

Como decían las abuelas en nuestro país: ¡fin de mundo!

En las diferentes cancillerías de nuestra región parecen no recordar que el régimen de Nicolás Maduro es producto de un megafraude electoral. Que el colombiano no es legítimo como jefe de estado, ni mucho menos es quien detenta la legalidad de la presidencia de nuestro país. Que Venezuela es un potente productor, procesador y distribuidor de drogas desde el amparo de Estado, como también fue suficientemente denunciando por el general Clíver Alcalá, sentadito en el banquillo de un tribunal norteamericano hace menos de un mes.

Pero el que no quiere ver, o se hace el cieguito, para extender la mano por petróleo y negocios de todo tipo con un país en vías de su completa y total ruina mira para otro lado.

Pero es bien bueno recordar, y nunca, pero nunca olvidar. Esta supuesta normalidad institucional que parece vivir el régimen de Venezuela, tanto adentro como afuera, tiene mamá y papá.

El papa de ese engendro no es otro que el Departamento de Estado de Estados Unidos, junto con la poderosa empresa CHEVRON, cabrona y cómplice absoluta en su esfuerzo de 24 por 24 de intentar blanquear la siniestra dictadura que tienen postrada a Venezuela.

Y en cuanto a su madre, no es otro que el maricón de Gerardo Blyde. Ese bandido no se ahorró ningún esfuerzo, por pequeño que fuera, para disfrazar de democracia a la dictadura que opera en Venezuela. Ni él ni los eternos facinerosos de cuello blanco que siempre le hacen compañía, han dejado de hacer, tanto afuera como adentro del país, cualquier cosa, diligencia o lo que sea para que Maduro, sus mafias, y ellos por retruque, aprovechen las mejores oportunidades que ofrece un país con abundantísimos recursos, para hacer los mejores guisos para sus propios bolsillos.

Pero ya no hay pendejos. Esa especie se extinguió dentro y fuera de nuestro país. Que se hagan es otra cosa. Porque “aun cuando la mona se vista de seda, mona siempre se queda”.

Por eso Venezuela: ¡No te sigas dejando joder! ¡Vamos a ponerle fin a esta VAINA!

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