¡Se acabó señores!


Hay muchos que le desean a Venezuela la suerte del coriano. Ya saben: te sacan un ojo de la cara, pero tranquilo, te queda el otro. Las cucarachas que sueñan con la era post nuclear de la Venezuela en ruinas, insisten en hacernos creer que corremos con mucha suerte. O sea: ¡Nos quiere joder el tipo más poderoso del mundo! ¡Qué privilegio!
Un tradicional golpe de estado, con todo y fuegos artificiales para hacernos creer en la fábula de que venían a liberarnos, sacó a Maduro de la jugada. ¡Seguramente se puso bruto! ¡Porque hasta el Cartel los Soles desapareció como por arte de magia!
Los que dejaron, bien entrenados en aquello de vender al país al primer postor, le pretenden cargar una deuda descomunal a Venezuela. Deuda completamente hinchada y falsa. Además de cumplir con el resto del arreglo, a saber: entregar el petróleo de todos los venezolanos al Pentágono. Ya sabemos: ¡por nuestro bien! ¡Qué pena!
Pero si es así como Donald Trump quiere hacer las cosas en Venezuela, a Venezuela no le sirve.
Como tampoco le sirven a Venezuela Delcy, Diosdado, Jorge y las pandillas de ministros, gobernadores y alcaldes que llevan 30 años diciendo que hacen, cuando lo único que han conseguido es hundir al país.
Apreciamos una Norteamérica que, desde nuestras ventajas comparativas, sea nuestro principal socio comercial, como por años lo fue. Pero de actos de piratería, vengan de donde vengan, ya estamos hasta la coronilla.
Chinos, rusos, cubanos e iraníes nos enseñaron mucho: ¡ya no nos calamos a ningún mafioso que intente nuevamente tratar de cambiarnos cuentas de vidrio por barriles de petróleo. ¡Ya eso se acabó!
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