CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Se merecen el castigo divino

A estos sinvergüenzas de Miraflores solo les da la cabeza para hacer chanchullos. Con el cuento chino de las sanciones internacionales están llenando día a día los enormes tanqueros y supertanqueros que llegan al país de crudo, con destino a medio mundo.

CHEVRON, que es una colosal aliada del régimen de Maduro, está permisada y autorizada, tanto por la Administración Biden como por el Congreso norteamericano a través de la Ley BOLIVAR, para acceder al petróleo venezolano según y conforme los más altos intereses energéticos de este país.

Y esa es la razón por la cual, tanto el gobierno como el poder legislativo norteamericano, voltean para el otro lado mientras se llevan el petróleo venezolano en las condiciones que ya todos sabemos.

Se paga a descuento, es decir a un porcentaje muy interesante, por debajo de los precios de los crudos marcadores mundiales Brent y West Texas. Con dinero en efectivo, en papel moneda amontonado en paletas forradas de plástico que son retiradas de cada buque antes de su llenado por funcionarios de la Inteligencia Militar. Esa plata es trasladada a los comandos militares que acopian los alijos de billetes, para ser transportada finalmente al destino que Maduro, Diosdado, Padrino u otro delincuente de la banda así lo disponga.

Entre tanto, y desde luego, nada de eso ocurrió. No se extrajo, ni mucho menos se embarcó, barril alguno de petróleo venezolano. Jamás se vio a ninguno de los tanqueros que se exponen por días seguidos en la Bahía de Pozuelos, esperando no se sabe qué. Suponemos que, semana tras semanas, capitanes y tripulaciones hacen una parada colectiva en aguas venezolanas para jugar una polla de domino entre los trabajadores de los armadores más ocupados del negocio del transporte petrolero mundial.

Así que tampoco la plata entró. Nadie la vio. Nadie, ni organismo ni funcionario alguno, la metió en las cuentas nacionales, o en el Ministerio de Hacienda, o en el de Minas, o en PDVSA.

Lo peor de todo es que no es un chiste ni es un cuento. Estos malnacidos del régimen se están robando, frente a toda Venezuela, las riquezas del país. Y una empresa norteamericana es en buena medida responsable indirecta de todo lo que nos están robando. Mientras tanto, millones de venezolanos se comen un cable. Un millón de niños salen del sistema escolar por hambre y otros migran; y el régimen se niega de manera contumaz a dolarizar los salarios de la clase trabajadora y sus familiares. Por ello se merecen el castigo divino.

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