CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Sean serios

Pablo Medina / Venezuela RED Inormativa.us

Que no le quede a nadie ninguna duda: la tragedia humanitaria que padece Venezuela, que ha derramado a nuestra gente por los cinco continentes, es un tronco e’ negocio para muchos. Y, al menudeo y en chiquito, pero en inmensos volúmenes de personas, ha sido aún más rentable todavía a través de los caminos de América Latina.

Atravesar Colombia rumbo-sur, coger los páramos de la Cordillera de los Andes para recalar a como se pueda desde el Ecuador hasta la Argentina, pasando por Chile, Perú y Bolivia se ha transformado en una poderosa industria de hacer dinero para mucha gente, a costa del sudor y de la sangre de nuestro pobre pueblo.

Ahora, en cambio, atravesar el Tapón del Darién en busca del sueño americano, es el negocio de moda para los zamuros carroñeros que se están lucrando con la desesperación por huir de Venezuela.

Escapar de esa misma Venezuela que cuenta con varias bandas de pillos que insisten en hacernos creer que con elecciones libres, pero sin juego limpio, van a conseguir que Diosdado, Padrino, Maduro y el resto de la MAFIOCRACIA que controla nuestra tierra van a dejar el poder por las buenas y no habrá necesidad salir corriendo del país.

Traficantes de carne humana de Colombia, de Panamá y también de Venezuela han hecho de cada movimiento, de cada tramo en el paso del Darién, una compra y venta permanente e interminable de la desesperación nacional, a cambio de dólares americanos.

La denuncia, muy bien documentada, que llega a las páginas de investigación de The New York Times, apenas consiste en la sombra pálida del dolor de la parte más pobre del pueblo venezolano, esa que se arrastra por aquellas miserias.

Hombres, mujeres, niños y ancianos que huyen del infierno del capo Nicolás Maduro despavoridos por la total y completa falta de oportunidades y esperanza de vida dentro de su propio país, casi tan sanguinario e inhumano como la selva misma que les toca atravesar cubiertos de barro. Así estará Venezuela que optan por atravesar el infierno del Darién.

El desastre de la destrucción y la consecuente huida de algo más de un tercio del pueblo venezolano en los últimos años, apenas consiste en un pobre referente para explicar la completa desintegración de los servicios públicos, la capacidad de compra de los salarios y la generación de empleo que aporten riqueza y prosperidad a la nación.

De los seres inhumanos que hacen del dolor de la nación venezolana, que atraviesa todos los días el Tapón del Darién, cientos de transacciones, no hay rastro alguno. Los que sí se conocen son los políticos venezolanos, de lado y lado. Esos sí que tienen rostro, caras de palo, y viajan de un lado para el otro, pero en avión.

Por cierto, ¿es a todos esos caminantes y refugiados de Venezuela regados por el mundo a los que se refiere María Corina cuando dice que hay que salir a empadronarlos estén donde estén, para que voten otra vez, como otras tantas veces, a través de las siempre tramposas maquinas Smarmatic de Tibisay Lucena y de Jorge Rodríguez? ¡No me jodas! ¡SEAN SERIOS!

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