CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Seis dirigentes sentenciados sin acusación y sin acusadores

El régimen en Venezuela miente, siempre miente, porque la mentira es parte de su naturaleza.

Eso explica la reciente decisión de los NARCOTRIBUNALES del país, quienes acaban de condenar a un grupo de seis dirigente sindicales no enchufados a 16 años de prisión. Exigir la dolarización de los salarios, sueldos y pensiones en Venezuela para la dictadura de Maduro, el supuesto “presidente obrero”, es considerado como una conspiración y una asociación para delinquir. ¡Por favor!

Esta es la versión del régimen de Caracas de su Agenda 2030. Una pirámide de “nuevos valores” que se manejan y difunden en los grandes centros del poder mundial y del bajo mundo multinacional para intentar cambiarle la normalidad al planeta. O como prefiere Nicolás Maduro y sus malhechores: dar visto bueno a la protesta por los temas del cambio de sexo y de las preferencias de identidad, pero palo y cárcel a cualquier individuo que se le ocurra exigir el pago de los salarios y de las pensiones en dólares, para que los trabajadores puedan sobrevivir en un país en donde todo se paga en divisas.

¡Lindísimo, mi vale! Maduro y sus secuaces, al final, resultan ser muy coherentes en la práctica de la maldad. Mienten y simulan una tolerancia y hasta una aceptación falsa sobre las llamadas diferencias sexuales, el matrimonio paritario, el aborto y todo un gabinete de trampas del mundo “progre”; mientras pisotean como les da la gana los derechos humanos fundamentales de las grandes mayorías.

Y aquí aprovecho para fijar mi posición en cuanto a la agenda 2030. Porque para mí es una cartilla internacional inventada y promovida por los poderes más antihumanos, antivalores y rastreros de la raza humana, cuyo objetivo consiste en el logro del dominio mundial de los factores y de los sectores de la producción en todo el planeta por parte de un pequeño grupo de enfermos, individuos y corporaciones, con muchísimo dinero y poder acumulado que aun quieren tener más.

Y, para mí, Venezuela está en el eje de intereses de esos individuos, países y corporaciones comerciales. Los recursos venezolanos, en particular los hidrocarburos, son candidatos a ser controlados por estos, para así disponer de una incidencia mundial mayor, a través de la explotación del potencial energético que se esconde en nuestro subsuelo. En un planeta donde cada vez se hacen más raros los yacimientos de combustibles fósiles, Venezuela es muy importante: flotamos en un océano de petróleo y gas.

Y Venezuela cuenta con un régimen de comportamiento, funcionamiento y relacionamiento idéntico al de muchos países africanos, ordeñados salvajemente por grandes potencias. Esas que facilitan las relaciones comerciales entre las grandes corporaciones, los grandes centros de poder y los gobiernos de países corruptos y fallidos como el venezolano, para hacer con sus gobernantes todos los negocios chuecos que se puedan, siempre de espaldas a los intereses y grandes necesidades de sus pueblos. No hay duda que valga: las individualidades riquísimas ven a la democracia, a la democracia de verdad, como un estorbo para hacer sus negocios.

La zanahoria de todo este embuste internacional consiste en la “nueva” política global sobre la aceptación de las diferencias, y de las preferencias sexuales. La potente maquinara de charlatanes que empuja todas estas historias no menciona el objetivo de frenar la tasa de natalidad mundial o la búsqueda en la reducción de la población actual del planeta y la consolidación de los ricos para que cada vez sean más y más ricos. Mientras que los pobres de mundo cada vez serán más pobres pero, eso sí: disfrutando de sus preferencias en cuanto al sexo, como les dé la gana. Pasando por encima del horror que ha cultivado en los últimos siglos la raza humana por la pedofilia, el incesto y las prácticas de las peores bajezas que ya creíamos haber superado como seres humanos. Pero para los creadores y promotores de la Agenda 2030, en eso consiste el “gran” premio para las mayorías: impunidad para practicar cualquier degeneración inimaginable.

La Venezuela del régimen de Maduro es una vitrina. Opaca, sucia, fea y manchada; pero una vitrina. Los “supuestos” nuevos derechos y privilegios sexuales están por encima de los ya logrados derechos sindicales y humanos, que exigen la dolarización de los salarios y de las pensiones en Venezuela.

Por exigirlos, un grupo de hombres son cargados injustamente, monstruosamente, con 16 años de cárcel. Para el régimen venezolano es motivo de celebración que un individuo salga del closet, pero si a alguien se le ocurre pedir sueldo digno en dólares, va preso. Sin acusación y sin acusadores

Embusteros, criminales y falsos. La Venezuela dominada por el régimen del “amor es amor” es una mentira mocha de patas. Por eso: ¡Dios, Venezuela libre y Cese de la Ocupación!

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