El Fogón de la Editora

SIN NADA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Si en mi país las escuelas están vacías, también lo están las clínicas privadas. Con la desaparición de las cláusulas de acceso a la HCM y las prerrogativas de medicina privada prepagada que antes tenían los contratos de nuestros trabajadores, tanto públicos como privados, el monumental negocio que hacían las clínicas privadas en Venezuela pasó a mejor vida.

Yo no voy a ser ahora quien salga a defender las sinvergüenzuras con que muchas veces funcionaban las compañías de seguros. Como tampoco me va a dar por rasgarme las vestiduras por la mala praxis médica y las muchas veces criminal atención que algunas ratoneras, mal llamadas clínicas privadas, prestaban. Pero la imposibilidad de acceder al sistema privado de salud en Venezuela es un golpe mortal al bolsillo de las familias venezolanas.

El no acceso real de los trabajadores venezolanos al sistema de saludad privada significa, las más de las veces, la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. También termina significando la ruina de toda una familia sin protección sanitaria; al tratar de enfrentar, a punta de sus propios bolsillos, enfermedades, accidentes y dolencias crónicas, que acaban con el patrimonio de varias casas.

Es que lo que en la Venezuela de antes de estos criminales llegó a ser una potente red sanitaria pública, con problemas y deficiencias por todos lados, pero que funcionaba, estos muérganos lo dejaron echar a perder. La ruina de los grandes centros asistenciales públicos venezolanos resultó ser la porquería, los embustes políticos del Barrio Adentro y de toda la red marginal de salud falsa que crearon.

Por eso digo: si las escuelas de Venezuela están vacías de niños, los hospitales están sin nada; sin luz, sin médicos, abandonados. Muy pocos, poquísimos venezolanos cuentan con suficientes dólares para enfrentar los requerimientos, las necesidades, aunque sea solo de medicamentos y de insumos, para apoyar a cualquier familiar recluido en uno de nuestros grandes o medianos centros de salud públicos. Hoy apenas son un carapacho, un cascaron sin luz, sin curitas, sin medicamentos y sin interés alguno por parte de este régimen del “sálvense quien pueda… y como pueda”.

En Venezuela si no es el chingo, es el sin nariz quien te termina atrapando. Allá, en nuestro país, la única manera de recuperar la salud, tanto la del país como la de nuestros enfermos, es rogando a Dios y a la Virgen Santísima en sus distintas advocaciones para que no te pase nada.

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