El Fogón de la Editora

SIN PIEDAD

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

En la tierra donde nací, El Tocuyo ((estado Lara), allá en Venezuela, dicen que no hay muerto malo. Todo difunto es blanqueado por la bondad, una vez que pasa al otro barrio. ¡Pero, eso depende!

Causa risa que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, pretenda hacer creer a su país y al mundo que la señora Piedad Córdoba era un alma blanca, pura y desinteresada tanto en la política como en su vida particular.

Piedad Córdoba, quien murió apenas la semana anterior en plena era Petro, es decir, en medio de un gobierno de malandros, pasó a mejor vida con más cargos judiciales encima que cargos de consciencia.

Lo del perpetuo turbante, según ella, era para realzar y dignificar la negritud, la pobreza endémica del pueblo colombiano y el amor que decía tener a la gente.

Lo cual no le significó obstáculo alguno para enredarse con Hugo Chávez, ser su embajadora de guisos y sinvergüenzuras con las FARC, conectar a Alex Saab con la HAMPOCRACIA venezolana, disfrutar de una vida principesca a costa de sus “conexiones” con gobiernos chuecos; ser detenida y puesta inmediatamente en libertad en el aeropuerto de Tegucigalpa, Honduras, donde la atraparon con casi 70 mil dólares en efectivo que dijo eran para pagar sus chucherías y con un hermanito extraditado a este país, acusado de narcotráfico por el gobierno norteamericano. Y desde Honduras envió a la campaña de Petro unos cuantos millones de dólares que enviaba Maduro.

Una vida azarosa, no: una vida consagrada al delito político. Socia, amiga y vividora de los peores malvados de la América del siglo XXI, la narcoguerrilla y de la industria del secuestro.

Si no que le pregunten a Ingrid Betancourt, que tiene de ella más cuentos que contar que un libro de primaria. Pues Piedad, sin ninguna piedad, alargaba la estadía de los secuestrados por la FARC para obtener aún más provecho de los cautivos.

Se fue Piedad Córdoba. Gracias al Cielo que se fue y bien lejos. Fue mucho el daño que hizo a medio mundo y muchísimo más daño aún a la imaginación de los incautos de buena fe que todavía quedan por América Latina.

Piedad Córdoba nos dejó otra mentira más de Robin Hood estrafalaria y afrodescendiente, además de muchas cuentas por pagar. Pero así es la vida.

Esta es mi opinión de Piedad y su turbante. Pero estoy consciente que hay aprehensión con esa muerte. Que en la urna hayan colocado una muñeca de cera. Pero no olviden que esta gente son expertos en el disimulo y el engaño. De todas formas, eso no cambia mi parecer sobre esa señora.

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