¡Sóbate Maduro que no hay curitas!


Esta vez ya no es lo mismo. ¡En esta vuelta ya la cosa no es igual! Ya no estamos en los tiempo de los “vamos bien”, Juan Guaidó y hasta un Rosales metido a petrolero para ver qué se le pegaba en los bolsillos de Monómeros, allá en Colombia.
En esta oportunidad la batería internacional de reconocimientos de gobiernos y de jefes de Estado por el triunfo electoral de Edmundo González Urrutia como ganador en los comicios del 28 de julio es otra cosa.
Aquello, lo de Guaidó y su banda, estaba pegado con saliva de loro. Una Asamblea Nacional extinta jamás y nunca designa a un presidente provisional, ante otro fraude electoral que nadie reclamó como debió haber sido.
Esta vez, muy por el contrario, el régimen tuvo la temeridad de convocar unas elecciones presidenciales de la forma y de la manera que le dio su real gana. Escogió con quien no quería medir al colombiano. Puso todos los obstáculos habidos y por haber para hacer las elecciones a su gusto. Hizo que votaran, como es su costumbre, a individuos de 125 años y creyó que con todo eso se la estaba comiendo.
Y resultaron tan, pero tan estúpidos, que les tocó autoproclamar el supuesto triunfo de Maduro apuraditos, entre gallos y medianoche. Con un Elvis Amoroso con más pinta de gánster que de árbitro electoral independiente.
De paso ni se molestaron, a lo Jalisco, en presentar ningún tipo de soporte de ninguna calidad posible, que enseñe los supuestos votos y las supuestas diferencias a favor de la dictadura. Y, para remate, encargan a los monos de circo del TSJ para que les fabriquen un sentencia, imposible de ser más idiota, la cual “ordena” el triunfo electoral de Nicolás Maduro por seis años más como presidente. ¡Publíquese y ejecútese! ¡No me jodas!
Pero, sin duda, lo peor que les pudo haber sucedido a las cucarachas del siglo XXI fue la paliza electoral, el rechazo popular a todos los niveles y sectores del país en contra de aquellos pillos por más de un 30% de la base electoral, con una participación descomunal.
Y si a todo eso usted le suma el capitulo de las aventuras del embajador de España, quien resulta ser cómplice del chantaje que llevan a cabo los hermanitos Rodríguez sobre el presidente electo, quien estaba resguardado en su casa bajo inmunidad diplomática, la cosa pinta como una mala novela.
Y luego la volteada de los “vecinitos”, Lula y Petro. Con la repugnancia del mundo decente ante el intento de trampa bananera del colombiano y de sus compinches, no se tiene nada más que hablar.
Por eso, dejémonos de pendejadas. El malviviente de José Luis Rodríguez Zapatero, junto con el “despistado” de Pedro Sánchez y el mismismo rey de la baraja, pueden hacer mejor usos de sus lenguas.
Sobre el triunfo electoral de Edmundo, sobre el mayoritario e irrevocable deseo de la nación venezolana de recuperar sus libertades y su calidad de vida, sobre eso, no hay nada que “negociar”.
Negociar el cómo y el de qué manera todos aquellas “joyitas” piensan dejar el poder, para entregárselo a un nuevo gobierno legal y legítimamente electo, es de lo único que se puede hablar.
¡Es que este “asunto” se le pone más y más arrecho al colombiano y a todos sus compinches cada día que pasa! El triunfo de Donald Trump parece que los agarró desprevenidos. Por más que les rezaron a todos sus ídolos de la macumba, la señora Harris también perdió las elecciones en Estados Unidos. Igualmente, ella y los amigos secretos del régimen venezolano dentro del Partido Demócrata del siglo XXI fueron barridos de la faz de la ciudad de Washington.
Tanto, pero tanto es así, que el segundo mejor amigo de la dictadura de Venezuela, el secretario de Estado de este país, míster Antony Blinken, a más de cuatro meses de haber ocurrido el fraude electoral en Venezuela, manda a decir que el gobierno del presidente Joe Biden reconoce el triunfo electoral de Edmundo González Urrutia. ¿Qué tal?
La verdad es que poco importa que, a última hora, el gobierno norteamericano tenga la vergüenza de reconocer la megatrampa de la cual fue objeto el pobre pueblo venezolano. ¡Tranquilos!
Ni tampoco tiene mayor relevancia que dicha declaración se produzca a escazas horas del ataque con misiles de fabricación estadounidenses que llevó a cabo el gobierno de Ucrania sobre instalaciones militares en territorio ruso, autorizado por el mismísimo presidente Biden. ¡Tranquilos! ¡Cuando la dicha es buena…!
Pero lo cierto es que Maduro: ¡Ahí te dejaron ese huacal de tomates echados a perder! Por eso, ¡toma tu tomate, colombiano hijo de la gran puta! ¡Sóbate, que no hay curitas!
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