CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Solo con la barriga llena

Señores y señoras de la mesa-de-lo-que-sea. Gente de la oposición o de la ficción, hagan por primera vez lo políticamente correcto: empujen la dolarización y la indexación de los salarios y de las pensiones para los trabajadores venezolanos como agenda electoral.

El país que vive en Venezuela se está derritiendo de pobreza. Cada vez, cada día, el venezolano se ve impedido en comprar cualquier cosa que necesite que tiene que pagar en dólares, con un miserable ingreso que recibe en bolívares. Las grandes mayorías del país hacen un esfuerzo sobrehumano para adquirir los bienes y servicios necesarios para su sobrevivencia, con una moneda, y con un equivalente, que no tiene ningún valor.

Las cuentas de antes, los cálculos aquellos que sostenían que a mayor hambre y miseria colectiva el venezolano sacaría solito al régimen a patadas, demostraron ser patrañas. La gente con hambre, la gente con necesidades elementales no satisfechas no piensa en cambios políticos; piensa solo en lograr hacer sus tres comidas otra vez, en nuevamente mandar a sus hijos a la escuela o en escapar de Venezuela para conseguirlo en otro lugar.

Si queremos una Venezuela capaz y apta para salir juntos de esta pesadilla, necesitamos que nuestra gente vuelva a comer, vuelva a tener una vida digna. Que nuestras mujeres vuelvan a parir. Que nuestros trabajadores no ocupen una buena parte de su día en mendigar una bolsa con dos latas de sardinas, un kilo arroz y otro de espaguetis para intentar alimentar a todas sus familias.

Nadie puede pensar en acomodar a un país, en sacar a esta plaga del poder, con el estómago pegado al espinazo. El hambre, la miseria, la falta de luz, de agua, es una estrategia mil veces repetida por regímenes genocidas para mantenerle el cerebro frito a la gente; pegados a la única obsesión de solucionar sus necesidades básicas, elementales, de sobrevivencia. Al venezolano lo tienen recluido en un inmenso campo de concentración de hambre y todo tipo de restricciones, que le mantienen lo suficientemente ocupado como para que no esté pensando en recuperar sus libertades.

En la lucha entre lo abstracto y el llanto de un niño por hambre que no puede quedarse dormido en un humilde hogar venezolano no se piensa ni en democracia, ni en separación de poderes, ni en que Maduro sea colombiano.

Así tienen funcionado a la sociedad en Cuba o en Corea del Norte, o en aquellos países subsaharianos bajo el control de la influencia política de Irán.

Solo con la barriga llena el venezolano puede dar pasos hacia la extinción del régimen. Lo primero es lo primero: salarios y pensiones en dólares. Que la gente esté en capacidad real de acabar de raíz con esta plaga del siglo XXI.

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