CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Solo nos tenemos a nosotros

Si el régimen de Caracas se cree que va a conseguir detener la conflictividad de los trabajadores y pensionados de Venezuela con el anuncio de un aumento que lleve el salario mínimo a unos escasos 35 dólares mensuales, con un tipo de cambio que ya se acerca a los 20 bolívares por dólar, es que está idiota de bola.

Los sectores, tanto público como privado, no pueden continuar limosneando a los trabajadores y pensionados de Venezuela. No hay maroma alguna que funcione para ellos, que no pase por la dolarización e indexación de la totalidad de los sueldos y pensiones que se pagan en el país.

Porque, hasta este momento, los números le sirven solo a los comerciantes y a los importadores que llenan los anaqueles de corotos en todo el país, lo mismo que al estado. Pues solo ellos mueven los precios y las tasas de los servicios cada vez que se mueve el dólar, que sube. Solo ellos tienen indexados todos los bienes y servicios que se mueven en Venezuela. En ese caso, a eso simplemente se le llama inflación. ¡Pero esa inflación solo los protege a ellos, nunca al trabajador ni al pensionado!

Los únicos que tienen protegidos a sus corotos y servicios en Venezuela de las alzas del dólar, son el sector privado y el público de la economía. Todo lo que ellos venden está cubierto por un impermeable de celofán a prueba de inflación. Solo ellos cuentan con la fórmula mágica de proteger sus inversiones, reposiciones y conservar siempre sus márgenes de utilidad: con subir los precios, con remarcar, basta y chuta. Sin embargo, el año pasado aplicaron la tesis de Lenin, en la revolución Rusa, de golpear a las empresas privadas para extinguirlas por la vía de aumentar los impuestos. En efecto, subieron en 86 por ciento.

Por el contrario, los trabajadores y los pensionados venezolanos, que no pueden por sí solos establecer el monto de sus sueldos y pensiones, están complemente huérfanos. Nadie se mueve ni apoya al asalariado y pensionado del país. Tampoco nadie es capaz, ni puede, remarcar su propio salario mensual, como se hace con los precios de los productos, para que el hombre de a pie mantenga en el tiempo su capacidad de compra.

Todo eso termina siendo un asunto de números y de proporciones: hay muchísimos más trabajadores y pensionados en Venezuela que empresas, empresarios, comerciantes y empresas del estado. Ya que somos muchos más que todos ellos juntos, podemos hacer más por nosotros que lo que no han hecho, ni harán, cualquiera de ellos por todos nosotros. El sector industrial debería pensar en una alianza defensiva con la clase trabajadora.

Hay que tener algo muy claro: presionar al régimen y al sector privado de la economía para que indexen y dolaricen los sueldos y pensiones en Venezuela es la única vía para evitar la extinción. Hasta ahora solo el presidente de Fedecámaras de Carabobo, es el único que ha manifestado que el salario mínimo debe establecerse entre 200 y 300 dólares, Esperamos que las demás cámaras se sumen; y la empresa Polar debe decidirse. No esperemos ayuda de ningún lado: ¡SOLO NOS TENEMOS A NOSOTROS!

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