CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Su gente

En Venezuela nadie en su sano juicio, ningún trabajador o presionado, puede ni pedir ni aceptar un aumento salarial de cualquier tipo. ¡Eso es de locos!

A cualquier venezolano que hoy reciba, por ejemplo, un aumento salarial del 100%, pero en bolívares, no le va a alcanzar la plata el tiempo suficiente para comprar nada de lo que había dejado pendiente con su salario anterior al incremento que acaba de recibir.

El pensionado y el trabajador venezolano están ya muy jugados. Todos sabemos que si aumentan los sueldos y las pensiones en ese hipotético 100% en bolívares, los precios de todos los bienes y servicios dentro del país brincarán en tres y hasta en cuatro veces sus actuales precios, pero en dólares.

Los precios en Venezuela suben en ascensor, mientras que los salarios y las pensiones se quedan rezagados en algún entre-piso, porque se mueven por las escaleras y gateando: a la espera de otro decreto de aumento salarial que los empuje nuevamente. Es el cuento del Gallo Pelón, es la historia de nunca acabar.

El tremendo grado de destrucción del país es tan profundo que, cuando hablamos de dolarización e indexación de los salarios y de las pensiones nacionales, estamos hablando solo de una medida de aseguramiento para el mantenimiento de la vida del venezolano. Porque, con un régimen como este, haciendo con el país lo que le da la gana, no hay nada que hacer. Solamente con la salida de estos criminales del poder se podría empezar a pensar en el reacomodo del país. El colombiano, sus militares, así como sus aliados internacionales solo saben robar, extorsionar y echar a perder aún más a Venezuela.

Pero, en el camino, hay que salvar a nuestra gente. Hay que evitar que los millones de venezolanos que solo viven de un sueldo o de una pensión, desaparezcan en medio del hambre, tanto ellos como sus familiares.

Ya esto dejó de ser un simple problema de naturaleza política: hablamos de evitar la extinción de la raza venezolana, como sea. Hay millones, millones de venezolanos, que no están ni dispuestos ni interesados en huir del país. No se trata de ni aceptar ni de validar con su connivencia a estas mugres que se cogieron el Palacio de Miraflores, para desde ahí hacer sus diabluras. Es simplemente que no aceptan, ni aceptarán, abandonar la tierra que los vio nacer y crecer para entregársela a las bandas de rufianes que controlan el poder. Pero millones de ellos están esperando, callados y muy entristecidos, el tiempo, el momento en que estos malandros ya no estén más.

Pero mientras eso sucede, mientras llega ese día, mientras las condiciones posibles y reales se presentan para alcanzar la plena libertad de todo nuestro pueblo, es imperativo que la gente de Venezuela viva con dignidad. Como mínimo, con ingresos adecuados y suficientes para adquirir los bienes y servicios que requiera una familia normal para vivir con decoro.

Y eso, eso es impostergable. Porque, primero, lo primero: en lo que se debe pensar en un país es en SU GENTE.

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