CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Tarde piaste «Caprilito»

¡No Capriles: el país no te debe nada! Una parte muy grande de Venezuela, la que está encerrada allá en el hambre y la que tenemos afuera dando tumbos en buena medida gracias a ti, te maldice.

Maldice tu cobardía, tu pobreza de hombría, tu hambre de dinero sucio proveniente de estos matones de barrio, a los cuales les entregaste el voto popular. Porque aquellos votos no eran tuyos, nunca fueron para ti, no te pertenecían: muy poca gente votó por Capriles. La gran mayoría voto para salir del Chávez moribundo de 2012 y luego en contra de su heredero colombiano en 2013. Así que te cogiste dos veces lo que no era tuyo. Lo que era de una Venezuela que todavía creía en la democracia. Y que tú entregaste, vendiste por treinta monedas, o algo más.

No Capriles, ¡déjate de vainas! Allá nadie te debe nada. ¡Más bien Venezuela tiene mucho que cobrarte! Tú le debes a Venezuela una chorrera de votos llenos de fe. Tú le debes a Venezuela la confianza que le robaste; las estupideces que te tuvimos que escuchar durante dos campañas electorales, con finales de trampas aceptadas por ti. Tú le debes a Venezuela parte de los millones de venezolanos que decidieron huir del país, cuando tú ayudaste a que estos canallas a que se enroscaran aún más en el poder. ¡No evitaste nada Capriles!

¡No le ahorraste al país con tu cobardía ninguna guerra civil! Más bien pusiste a estos rufianes de la revolución a cogerse 10 largos años más de tiempo muerto para el país, y de saqueo.

Y tú y tu banda de alcahuetes, pegados con todos ellos, son la misma cosa, pero en dos caras. Tú y todos ustedes han jugado a hacer política, sin importarles realmente un carajo ni el país ni la nación.

Me parece recordar que una vez contaste que tu abuela era sobreviviente de un campo nazi. ¡Chamo, no heredaste nada de esa señora! El valor de haberse salvado de aquel horror no se parece ni en un poquito a la miseria que demostrarte cuando vendiste la voluntad popular del pueblo venezolano en dos oportunidades seguidas.

No puede ser que todavía tengas la poca vergüenza de pretender volver a vestirte para ir a una nueva pachanga electoral, con las mismas joyitas con que te fuiste a bailar salsa hace diez años.

Venezuela es quien tiene que tomar la decisión de si sale a sangre y fuego o no de estos facinerosos del siglo XXI; esa decisión no la puede tomar un payaso como tú.

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