TODOS SOMOS VENEZUELA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
A mí me llena de orgullo ver cómo la vicepresidenta de este Gran País visita el exitoso restaurante de unos venezolanos que llegaron hace unos años a la Florida, huyendo de la Venezuela roja-rojita. No me importa que la señora Harris esté en campaña, buscando votos. Eso es lo de menos; lo maravilloso es poder contemplar cómo muchos de nuestros venezolanos trabajadores logran el Sueño Americano con la tenacidad, el esfuerzo y la alegría nuestra, «Made in Venezuela».
Por supuesto: dándole duro, rompiéndose las espaldas, empezando y fracasando cuantas veces sea necesario, hasta conseguir el éxito en este país que es muy, pero muy difícil.
Igual lleguen mis mejores deseos a la familia de Juan Guaidó, que aterrizó en Estados Unidos, sea como sea, tras su última puesta en escena en Bogotá. Lo terrible es que van a seguir haciendo lo que mejor saben hacer: nada por Venezuela y mucho solo por ellos mismos y por sus amiguitos.
Pero, ¿qué tiempo le dedicamos a pensar en todos aquellos que se quedaron atrás, que se quedaron en el camino? ¿En los muchos venezolanos menos afortunados que yacen atrapados para siempre entre el barro del Tapón del Darién, o en un campamento de refugiados, o en una cárcel mexicana donde encontraron finalmente la muerte abrazados por el fuego de una trifulca?
Escribo de los tantos y tantos venezolanos caminando por los parajes más fríos de la América del Sur o los senderos más peligrosos de la América Central que, como dicen los zulianos, también están buscando a Dios.
Venezuela se ha desangrado en casi ocho millones de venezolanos en algo más de una década. Nuestras arepas, patacones y carne mechada también están regados por medio mundo. Sin embargo, allá, en nuestro Caribe, quedaron para siempre nuestras playas y nuestras selvas, junto con el sueño de hacer un país que aún, por culpa de todos esos malandros no ha sido, no ha cuajado; está bajo el control de todos esos rufianes sin escrúpulos del régimen de Caracas.
Yo le celebro y le admiro el éxito y la fortuna a cualquier venezolano honrado y honesto que prospere donde sea. Pero le suplico a la Venezuela que está adentro, como a la que está fuera del país, algo más que un instante de recuerdo, o de una oración por los tantos y tantos hermanos que, tras intentar escapar del infierno en que ha convertido nuestra patria la porquería del siglo XXI, no llegaron a ningún lado.
¡Pido porque a una parte importante de Venezuela no se la trague el olvido!



