Trampa jaula


Como el país continúa parado, aparece con potencia la industria de los rumores.
El NARCO-RÉGIMEN, que sigue igualito a como era antes del 3 de enero, otra vez se conecta con su oposición electorera y ambos solo hablan de elecciones.
Es más conveniente pelearse por quienes van y quienes no van pal’ baile, que abordar los verdaderos problemas que continúan empantanando a Venezuela. Así las cosas, Diosdado se mantiene dedicado el chantaje.
Entre su increíble capacidad de practicar el terror social y el crimen desde la sombra del estado, continúa jugando en pareja con el corrupto sistema judicial venezolano; sistema judicial que nada que se sanea, simplemente está pasando a las manos de los hermanitos Rodríguez con el mismo tipo de rufianes.
Simple: la dictadura está tratando a la carrera de pegarse en los fabulosos negocios petroleros con el capital de afuera que ya está entrando. Delcy está buscando por todos los medios de hacer méritos con la gente de afuera, inclinarse ante Marco Rubio y arrodillarse a las empresas petroleras que ya se están dejando caer en el país para cobrarse viejas deudas pendientes.
Así, lo primero que quiere hacer es “arreglar” el molestoso asunto de la Ley del Trabajo en Venezuela. Para pegarse a la piñata de las fabulosas inversiones que van a entrar, hay que acomodarle las cuentas al capital; hay que hacer del costo hombre en Venezuela algo de muy bajo precio.
O sea: ni pasivos laborales, ni prestaciones acumuladas, ni “ridiculeces” como vacaciones. Todo eso, como ocurre en el resto del planeta Tierra, deberá ser un arreglo “íntimo” entre el contratador y el trabajador. ¡Es que la Fea quiere ganar puntos! Y la única manera de que el país no se enguerrille, y no tenga Diosdado que salir a matar gente como es su especialidad, es voltear la agenda pública hacia las elecciones en Venezuela, para que así el pueblo no salga a protestar en las calles.
No importa ni cómo, ni con quiénes, ni si pueden, o si la fulana ley de amnistía incluye o no a María Corina como candidata. Lo único que le interesa al régimen es mantenerse en el poder. Y Delcy está convencida de que con una buena jalada a la inversión que dice que va a llegar a Venezuela, puede acabar de un solo plumazo con los logros laborales de varias generaciones de trabajadores en nuestro país.
Así, seguramente piensa ella, contaría con el visto bueno del gran capital para justificar su permanencia. ¡Siniestro, pero efectivo!
Además sería ella quien llevaría a cabo el “trabajo sucio”. Si lo cobra o no con su permanencia en el poder, eso sería otra cosa y está por verse. A todo evento nadie, ninguno ni ninguna, vería con malos ojos que el factor trabajo en Venezuela redujera su costo y se le pusiera muy barato al capital petrolero.
Insisto: Delcy haría el “trabajo sucio” que otros y otras lamentarían; pero guiñándole el ojo a las grandes empresas de energía que en algún momento van a entrar en el país.
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