El Fogón de la Editora

TRUMP ESTÁ CLARITO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

No se trata solo de un ejercicio de imaginación retorcida. Tampoco son noticias sin lógica, ni amenazas de brujas soperas. Los Estados Unidos de Norteamérica corren el mismo riesgo que Venezuela: este país puede retroceder a la Edad de Piedra si continuamos por más tiempo en las manos del Partido Demócrata.

Los rufianes que han dejado buena parte de nuestro continente con el color rojo del embuste, siempre han puesto su mira en el Norte. Para todos ellos, por más que digan cualquier zoquetada, el Norte es su norte. Hacia acá es que sueñan con venir. Para ellos la meta consiste en convertir a la primera democracia del planeta Tierra en algo parecido a la China del Partido Comunista.

Y ya lo sabemos: en la China comunista todos los habitantes son esclavos y están bajo la mira de la clase política y económica que controla a ese monstruo. Para ellos, la vida humana, la gente, solo tiene valor como factor de producción; una vez que se agota, pues la desechan.

Por eso es que la afirmación reciente de Donald Trump pone los pelos de punta. Para él, y para muchos de nosotros igual, de continuar Estados Unidos caminando por esta senda disparatada, la nación puede terminar, más temprano que tarde, igualita que mi país de nacimiento, Venezuela.

El empleo preferente del aparato del Estado, casi que en exclusiva, hoy está consagrado a estropear la vida de aquellos individuos productivos y socialmente útiles para el crecimiento de este país. Y ese es un rasgo peligrosísimo que ya se está reproduciendo en la América de las Barras y de las Estrellas, como es normal en cualquier democracia falsa en cualquier parte del planeta.

Aquella frase de “menos estado por más sociedad” se está rompiendo en Norteamérica. El aparato del Gobierno Federal pareciera solo ocuparse en igualar a lo inigualable biológicamente. A inventar al hombre/mujer y a la mujer/hombre, burlándose, para ganar votantes, de los impositivos biológicos; que no son ni inventos de los políticos, ni tampoco forman parte de lo más importante, ni mucho menos, de las complejas necesidades políticas que tiene este gran país.

El ejemplo a imitar no es bueno. Quizá América Latina vendió su alma al diablo por viejas decepciones con sus políticos vagabundos de antes. Pero no se puede permitir que el mal mundo se trague también al mejor de todos los mundos, sin uno hacer algo para evitarlo.

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