El Fogón de la Editora

UN BRINCO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Con un bono en bolívares, equivalente a 22 dólares, la gente en nuestro país no resuelve mayor cosa. Quizás compre algo de queso blanco, algunos plátanos verdes y un poquito de yuca. ¡Así están las cosas allá!

Cualquier chavista de a pie, por más fanático que diga ser, sabe perfectamente que con esa limosna no vive una familia en el país. Tapa un hueco; ¡y si acaso!

Porque en Venezuela ya tanto el precio de la vida como los sueldos que la gente recibe pasaron de verde a maduros. Ya nada puede hacer el dictador para resolver la deterioradísima calidad de vida que tiene que soportar el venezolano promedio. Aunque nuestro venezolano promedio una cosa sí que pareciera cada vez tener más clara: ¡la salida no es la huida!

Venezuela sabe perfectamente que afuera no es, ni remotamente, como lo pintan. Que la vida, donde sea, fuera del país, también es muy dura. Y que a eso hay que sumarle la exclusión, la condición de inmigrantes y la envidia. Que, sean los que sean los talentos y títulos con que salgamos del país o la velocidad criolla que creamos tener, nunca es ni bastante ni suficiente para germinar en suelo ajeno.

Así, con la caída definitiva del mito de “afuera estamos mejor”, la nación se empieza a convencer que Venezuela es un espejo roto que vale la pena pegar. Las dificultades son enormes. Con capa tras capa de mentiras y embustes han sido frisadas las paredes de nuestra tierra; tanto por el lado de la oposición como por el lado de un régimen, que apuesta a que dejemos el país…

Ambos compinches han jugado al perverso juego del desánimo o de la euforia sin medida alguna. Mientras que lo cierto es que ambos tahúres han apostado, calculando fríamente el lance de los dados con el pesimismo de un país que, según ellos, no tiene futuro posible.

¡Y eso no es verdad!

Nuestra nación está demostrando, otra vez, que está por encima de un liderazgo de corrompidos maleantes. Una comunidad de referentes, tanto políticos como sociales, como económicos, que están totalmente desconectados de la gente, sus necesidades y sus sueños personales.

La lucha callejera en Venezuela por la dolarización e indexación de los salarios y de las pensiones es apenas un pequeño paso para nuestra nación; pero resulta ser un enorme brinco para un país que está demostrando, otra vez, que puede andar solo.

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