Un parásito llamado ONU


Si la ONU se hubiese propuesto honradamente dar un parao al desaguadero humano que ha significado para toda América, y para buena parte del mundo, la migración descontrolada que se ha producido en Venezuela, sería mediadamente creíble. Porque solo por ese asunto, la ONU debió haber solicitado una intervención humanitaria multilateral sobre nuestro país hace muchísimo tiempo.
Y no solo no lo hizo, lo evitó. Y no solo lo evitó, sino que ha validado por años seguidos a un régimen genocida como el de Caracas. Y lo ha hecho de forma tan cómplice y descarada que ha llegado a permitir el nombramiento de un individuo de la calaña de Samuel Moncada como vicepresidente de la Organización para la América Latina, siendo un represente del NARCO-RÉGIMEN de Venezuela.
Ahora, cuando Donald Trump retira de la Organización Mundial de la Salud a los Estados Unidos de América, al sistema ONU le da por poner sus barbas en remojo. Y dicen prometer, estudiar y componer el “caso” Venezuela y al NARCOGOBIERNO de Caracas.
Quien es, sin temor a equivocarnos, una amenaza, un temible peligro para la paz de la región. Igual que lo puede ser el régimen de Teherán, que también ha hecho del terrorismo mundial su accionar preferente de política exterior.
Gracias a Dios: ¡en esta era se pueden volver a llamar a las cosas por su nombre! Las organizaciones multilaterales “parásitas” han pervertido su naturaleza y su razón de ser. La suma de estados con gobiernos cómplices dentro del mundo libre que ahí participan son tolerantes con los peores estados-aberraciones del planeta.
Todos esos gobiernos son también responsables indirectos de las prisiones-campos de exterminio que se están descubriendo en la Siria del sanguinario Bashar Al-Ássad.
Esos mismos gobiernos de estados cómplices son los que permitieron que los palestinos hicieran de Gaza un queso Palmizulia; para que desde esas madrigueras asesinaran y secuestraran a mujeres, hombres y niños israelitas, así como tapizar de drones y cohetes iraníes el cielo de Israel.
O muchos de esos gobiernos han sido los que han comprado a precios de mercancías robadas los miles de millones de barriles y metros cúbicos de hidrocarburos que un grupo de ladrones le han arrebatado a todo un país, hoy desnutrido y sin salud pública, como lo es Venezuela.
¡Sí que hay que llorar por la leche derramada! ¡Sí que hay que tomar este toro por los cachos!
Sí que hay que poner un punto final a tantos gobiernos de todos esos estados alcahuetas que siguen sin mover una pestaña ante tanto atropello y atrocidades que ellos mismos fomentan. ¡Llegó la hora de hacer justicia internacional!
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