Una oración por la Segunda Independencia


Yo creo en el potente poder de la oración. ¡Ah!: pero también creo firmemente en aquella máxima de la Biblia: “A Dios rogando, pero con el mazo dando”.
Y el mazo no es una exclusiva del diablo aquel… El mazo representa el trabajo, la inventiva y la creatividad del ser humano para superar los obstáculos que nos coloca la vida como pruebas de valor. Y yo pienso que la recuperación de las libertades en Venezuela y de la calidad de vida de los venezolanos es una prueba de valor suprema por la cual a nuestra nación le ha tocado y le toca transitar.
Una yincana. Un ejercicio de superación de un obstáculo detrás de otro para volver a tener un país: ¡libre, próspero, lleno nuevamente con toda nuestra gente! Creo coincidir con muchas organizaciones y personas: el régimen de Caracas cada vez está más y más frágil.
Decir otra cosa es darle potencia a unos rufianes que se están extinguiendo entre tanta represión, presos políticos, pobreza y necesidades populares que jamás podrán satisfacer. ¡Ya no son atractivos!
El crudo y el gas, abundante y en apariencia ilimitado para China, India y para todos aquellos otros países que están en confrontación con las políticas comerciales de la administración Trump no hacen, ni tampoco harán, normal y suficiente el tráfico de mercancía robada, como tratan los rufianes de Maduro a nuestros recursos naturales.
Señores: ¡esto está que se acaba!
Quizás en lo interno sea prácticamente imposible la protesta popular. La represión y el miedo a los tribunales y fiscalías corruptas, la cárcel y la tortura se ha inoculado en el torrente sanguíneo de nuestro pueblo. La gente, nuestra gente, no se va a volver a prestar nunca más a mamaderitas de gallos electorales, para que otro pajuo electo y sin valor para asumirse como presidente le haga el juego al régimen.
Si González Urrutia no tiene los testículos de hacer lo que el pueblo venezolano le ordenó que hiciera, que se valla bien largo para el carajo. Vivimos una chorrera de años sin él.
Venezuela puede sobrevivir sin destaparlo por el resto de su historia. El basurero de la historia ya se tragó a Guaidó, Capriles, Rosales, Leopoldo, Ramos y a un gentío de rostros borrados. Un desecho más o menos, tampoco es que importe demasiado.
La historia tiene su basurero, y todo indica que nunca se termina de llenar. El “electo”, casi un año después, le demostró al país ser tan inútil como una ventana puesta en un submarino.
¡Ni como símbolo ha querido funcionar!
Ya lo sabemos, con o sin él. Y en el mejor de los casos, por sugerencia de sus amiguitos enchufados de España, y seguramente por indicaciones del mismísimo rey de la baraja, todos ellos demuestran estar más contentos y felices por “dejar que las cosas sigan así en Venezuela”. ¡Negocio mata a presidente electo! La narrativa que emplean esos otros pajarracos consiste en repetir, como para dar lástima, que “no están dadas las condiciones”.
Mientras, todo el país se pregunta: ¿En algún momento estuvieron las condiciones dadas, desde el mismo momento en que el régimen atornilló a González Urrutia en el tarjetón del CNE para que se consiguiera un verdadero cambio a través de las mañas electorales que tiene y siempre ha tenido el régimen? Como «nie», sí Luis.
No lo dijo acaso el general Carvajal en una entrevista que muchos quisieran olvidar: “El régimen sólo ha ganado una sola elección: las de 1998. Las demás las ha trampeado”. Nadie se creyó realmente que aquellas elecciones del 28 de julio iban a ser limpias y transparentes.
Por eso, ni él ni nadie puede ni pedir, ni insistir que no reclamemos como pueblo nuestro espacio debajo del sol. El triunfo de un país que dijo fuerte y claro “váyanse ya para el carajo” tiene el valor del trueno.
Por eso, los invito, a todos, a todos lo que desean un cambio, a que nos acompañen el lunes 28 de julio, a un año de las elecciones que ganó Venezuela, a orar. Una oración por la libertad de Venezuela, por nuestros mártires, por nuestros presos, por nuestros niños, por nuestras mujeres, por nuestros viejos, por nuestros trabajadores, por nuestros venezolanos en el exilio, una oración por la Segunda Independencia.
Conmemorar las elecciones del 28 de julio pasado, cuando realmente no ganó Edmundo, ni María Corina; ganó Venezuela. O la rabia de una Venezuela que desea, que anhela, que va a volver a ser libre. Ellos fueron quienes no salieron a cobrar el triunfo, que es otra cosa.
Por eso, Venezuela ven a decir una plegaria fuerte y clara, en voz alta y en forma de susurros, para encomendar al país a que sea salvado, rescatado de tanta maldad y tanta miseria por las fuerzas del bien, de preferencias armadas hasta los dientes, que necesitan a una Venezuela libre y limpia de amenazas hemisféricas.
El país, Venezuela, los venezolanos tenemos el deber y el derecho de rogar y de usar lo que sea, lo que esté al alcance de nuestras manos para recuperar nuestro rincón debajo del sol, que estos rufianes nos han quitado. ¡Amén… Amén… Amén!
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