El Fogón de la Editora

UNA PLEGARIA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

La crisis de refugiados que ya está generando la invasión rusa sobre Ucrania es como la de Venezuela. No es necesario pelarle los ojos al Este de Europa para poder ver la desgracia andando de un sitio a otro por culpa de la persecución, de la guerra o del hambre. ¡Disculpen!

Es que no hay necesidad de mirar tan lejos para ver de frente a la pobre gente que la desgracia hace deambular buscando protección. Escapando de la muerte, la persecución o empujados de sus tierras por el hambre y la miseria.

No hay necesidad de firmar tanta carta electrónica de adhesión a la paz, al rechazo de la violencia desproporcionada del más fuerte sobre el más débil.

Es momento de hacer algo en medio del horror de otra nueva guerra o tragedia humana ultra difundida por los medios en vivo y en directo, por los muchos inocentes que padecen la mala suerte de la humanidad postmoderna.

De los miles de venezolanos que han escapado en carrera desde nuestro país, por razones parecidísimas a las de los ucranianos de hoy en día. Lo patético resulta ser que, está la última desgracia de la humanidad se termina comiendo a la anterior.

El terror de la gente, el horror de las poblaciones que huyen de los conflictos o de las acciones genocidas de las dictaduras feroces como las de Venezuela, NO puede ser un asunto de modas.

La suerte de un solitario barquero cubano que se lanza al Mar Caribe, aunque ya no sea bienvenido en América, es tan importante como el destino de una familia ucraniana que corre hacia la frontera con Polonia. O un migrante venezolano que se tira al camino para llevar a su familia hasta los confines de la Américas. ¡Todos, todos son sagrados!

Todo ser humano, todos sin excepción, desde los venezolanos que tratan de colarse a Norteamérica por su costado mexicano, pasando por los miles de africanos que saltan a Europa en cualquier cosa que flote, o los ucranianos que tratan de escapar de la guerra actual, deben estar en nuestras oraciones y también en nuestro accionar. ¡La vida humana es una sola, tenga el color de ojos que tenga!

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