Opinión

Una reflexión sobre el tema del liderazgo humano

Antonio Calatayud / Venezuela RED Informativa.us

Los grandes caminan solos. La mayoría de las veces andan entre nosotros y no los vemos. Les cuesta mucho subir la empinada cuesta.

A veces son ignorados, objetos de burla o de envidia, vilipendiados, apresados y hasta crucificados. La muchedumbre los ve pero no los valoran ni los reconocen.

Es una misión y una vocación que implica la soledad y necesita de la fe más absoluta y del más grande de los renunciamientos. Implica, exige y demanda de excelencia, coherencia, persistencia, insistencia, ciencia y paciencia.

De una visión 20/20, de un mensaje claro y elocuente, de una inteligente y certera hoja de ruta, de una magistral estrategia, de una voluntad de hierro y de acero.

Después, aparecerán los apóstoles, que son los primeros que identifican la singularidad del lider, sus cualidades excepcionales, la reciedumbre de su carácter, la razón y coherencia del mensaje y la visión del que vino predestinado a ser pastor de ovejas, punta de lanza, vanguardia de su tiempo, actor, autor y protagonista excelso.

Mucho después, acaso, si los astros coinciden, las circunstancias son propicias y la hora toca, vendrán las ciegas y entusiastas multitudes, que entonces verán e identificarán al líder y, con su energía colectiva y con esa pasión de muchedumbre que caracteriza a las masas, aportará el combustible necesario para que el carro destartalado, ahora carroza de victoria del nuevo Apóstol, pueda llegar a la cumbre y coronar la obra.

Pareciera un cuento pero, les cuento, así es la Historia, desde que el hombre abandonó las cavernas y decidió andar, erecto y libre, por los caminos del mundo, escribiendo, a diario, la mágica aventura de su extraordinaria existencia en este singular e infinitesimal pedacito del Universo al que llamamos Tierra.

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