CRITERIOS Con Pablo Medina Carrasco

Valores venezolanos

¡Algunos dichos populares son falsos! Escuchen este: “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Este dicho no se le puede aplicar al venezolano.

Además, ningún pueblo del mundo se merece a un traidor miserable como Diosdado Cabello, o a otro como Nicolás Maduro haciendo las veces de ser un presidente legítimamente electo en cualquier país del mundo. Ni él, ni Cabello, ni ninguna de todas esas sanguijuelas son expresión de pueblo, de ningún voto popular, ni siquiera de ninguna junta de vecinos.

Todos ellos vienen de la trampa electoral, del guiso, de lo chueco y de los apoyos de potencias infames con las cuales crearon relaciones idénticas a las que sostienen las prostitutas con sus proxenetas; dinero y “protección” a cambio del territorio nacional, de nuestra gente y de lo que pueda existir tanto arriba como bajo del suelo venezolano.

Como tampoco Uganda se merecía a Idi Amín Dada, que se comía a sus adversarios. Ni los cubanos a la familia Castro. Ni la Europa invadida y conquistada por los ejércitos alemanes, a un Hitler y a una parranda de asesinos saqueando su continente y arreando a millones de hombres y mujeres a los campos de trabajo forzado y de exterminio nazis.

El venezolano que abandonó al país fue por cansancio, por desilusión, por desesperación, por persecución, por hambre y por mengua. Y al que se quedó en Venezuela, le sale reinventarse para poder vivir sin luz, sin agua, sin ley y sin gobierno.

Todos ellos son los ciudadanos, la gente común que fue muchas veces engañada por una clase política que tiene más de dos décadas fingiendo adversar al régimen. Una oposición cómplice y compinche del sostenimiento electoral de una dictadura disfrazada, que le ha dado resultados de estabilidad internacional a la basura del siglo XXI.

Del referéndum de 2004 en contra de Hugo Chávez, que el pueblo ganó y que su clase política opositora no peleó, hasta el venidero triunfo electoral de María Corina Machado en 2024, Venezuela es una trampa, un embuste electoral en el cual el régimen siempre, pero siempre, cae parado. Nunca pierde ninguna elección ni perdiendo y aquellos que se supone deben defender la voluntad popular siempre, pero siempre, culpan a Juan Bimba del fracaso; aunque el pueblo, el pobre pueblo, sea el único que termina siempre bien jodido.

Por eso es que para mí, el más grande de los valores con que cuenta Venezuela es el pueblo venezolano. Ese mismo pueblo venezolano que marchó hasta sacar a Chávez de Miraflores, mientras lo acribillaban a balas y sus líderes de la oposición se escapaban oportunamente como parrilleros sobre las motos que los sacaron de aquel coge-culo. El valiente pueblo venezolano que ha salido a votar, creyéndose la promesa de la oposición de que esta vez la “cosa” sí va a funcionar, aunque los candidatos sepan que otra vez no será verdad.

El pueblo valiente de Venezuela que ha luchado y luchado, votado y votado, presionado y presionado por más de dos décadas por volver a ser libre y por recuperar a Venezuela, es definidamente “es un pueblo especial”. Al final, solo con ese pueblo venezolano es con el único recurso con que cuenta Venezuela para que volvamos a ser un país libre y desarrollado; y lo seremos, con Dios por delante.

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