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VENEZUELA: CAMPO DE EXTERMINIO

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Hace pocos meses salió la noticia de aquellos dos viejitos que, encerrados en su apartamento de Caracas, aparecieron muertos, el hambre se los había llevado. Ahora, otra pareja de ancianos en Mérida corren con la misma mala suerte. Solo que esta vez, el señor es encontrado aún con signos de vida al lado de su esposa, que llevaba días muerta, también por el hambre.

¡Nos están extinguiendo! La feroz dictadura que está desangrando a Venezuela está haciendo, o dejando de hacer, todo aquello que debe llevar a cabo un estado en el siglo XXI para proteger a la gente.

Por hambre, por abandono y por la total y criminal incapacidad de un estado que hoy solo es un vulgar nido de hampones, nuestra gente está pereciendo. El tamaño de las pensiones, que a todos los venezolanos nos descontaron por adelantado a lo largo de años de trabajo, ni significan, ni pueden pagar casi ningún precio en Venezuela. Muchísimos de nuestros viejitos están abandonados a las remesas y a la caridad de sus vecinos.

A ellos, a quienes la dictadura les gusta llamar “adultos mayores”, aun cuando los sacrifique como reses, los están aniquilando. Ni para una caja de aspirinas alcanza la jubilación o la pensión más alta que se pague en nuestro país.

Con tremendas limitaciones, en un ambiente de guerra, el país trata de sobrevivir con muy mal pagados y empobrecidos sueldos, y con el esfuerzo de millones de familiares que envían dinero desde afuera.

La porquería del socialismo del siglo XXI ha hecho de Venezuela un matadero. El régimen, que lo sabe y miente al hablar de las “mejoras” y de los “avances” en el país, resulta tan responsable y criminal como su oposición. Nunca, pero nunca, hemos sabido que la oposición contemple dentro de su “agenda” el tema de las jubilaciones o de las pensiones de millones y millones de venezolanos que se encuentran en el umbral del hambre.

Mientras el país se nos extingue, los horrores que padece nuestra gente apenas se hacen del dominio público. Nuestros miles de muertos por mengua, hambre y enfermedades son anónimos. La gran mayoría de ellos, sin grandes currículos universitarios que mostrar, terminan solos, en las oraciones y en los rezos al Altísimo por el descanso eterno de sus almas.

Venezuela, donde hoy por hoy sucede un verdadero holocausto, nos obliga a sacar, en grande, las cuentas sobre el verdadero país que dejamos atrás.

¡Tenemos que hacer aún más!

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