El Fogón de la Editora

VENEZUELA EN CIFRAS ROJAS

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Que no es lo mismo, ni tampoco se escribe igual. Una cosa es una familia venezolana destartalada y sin plata, que pone una mesita al frente de su casa con arepas, empanadas, pastelitos, café y agua e’ panela y otra muy diferente es una familia que hasta la abuela vende drogas.

Es que el peso, el tamaño de la economía ilícita en Venezuela resulta ser formidablemente mayor que el de la economía informal. Para que precisemos los términos y los posibles números. El “rebusque”, el “toero” y aquellos que se montan en cuanta iniciativa se les ocurra para ganarse alguna plata, forma parte de la nacionalidad venezolana. Del gentilicio del venezolano que siempre le ha gustado ganarse la vida trabajando.

Desde siempre, cuando la cosa se pone dura en nuestro país, las familias hacen hallacas para la venta, pan de Jamón y platos navideños en diciembre. Y en estos tiempos de poquísimos trabajos, el venezolano limpia casas, pasea perros, cuida viejitos, hace tareas dirigidas y repara máquinas de coser del año de la pera. Eso es informalidad. Porque informalidad no es solo vender tostones, cepillos y ambientadores para carros en la Autopista del Este.

¡El trabajo no deshonra, el trabajo bueno dignifica! Sin embargo, lo que ya empieza a formar parte de la cultura inoculada por la porquería del siglo XXI es lo que se conoce como Economía Ilícita. Que no es igual, ni mucho menos, a la Economía Informal que llevamos como una cruz en la Venezuela de la ruina y en buena parte de nuestra región, que no termina de arrancar hacia el modernismo.

Los números que muestra la gente de Transparencia Venezuela nuevamente ponen los pelos de punta. Esta ONG trata de hacer una correlación del peso de la economía ilícita en Venezuela respecto al Producto Interno Bruto del País.

Aunque el peso del petróleo y los minerales por décadas seguidas fueron el componente fundamental del Producto Nacional, el producto no petrolero venezolano siempre dejó una franja muy oculta, o bien gris, que marcaría el aporte de todos aquellos venezolanos que no contaban con un trabajo formal, estaban fuera del sistema de prestaciones sociales y fundamentalmente solo tributan el IVA.

Hoy, según Transparencia Venezuela, lo sucio y lo turbio se arropa dentro de una economía salvaje, promovida por un estado corrupto y dedicado a actividades delictivas. Los aportes al Producto Interno Bruto venezolano del “contrabando de gasolina y gas”, “la venta de drogas”, “el contrabando de minerales” y una serie importantísima de rublos chuecos espantaría al mismísimo Drácula, si este fuera otro distinto al drogadicto gobernador del Estado Carabobo, Rafael Lacava.

Esa es la economía de la Venezuela del siglo XXI, la que auspicia y fomenta el régimen de Miraflores. Esa es la economía de la expresión estadística de la profundidad de un estado dedicado al crimen, sin preocuparse en lo más mínimo por un posible castigo.

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