VENEZUELA PARADA

Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us
En la Venezuela del siglo XXI lo chueco es lo que impulsa a la economía. Ya no son las alzas o las caídas en los precios del petróleo lo que determina la velocidad y el desempeño de la economía nacional, como lo vivió mi generación o a la de mis padres. Ahora lo que empuja o ralentiza el movimiento económico en Venezuela es la permanencia, la consistencia y el mantenimiento de las actividades vinculadas con el delito, con lo chueco, promovidas y administradas desde lo que queda de Estado en el país.
Así, en este momento, buena parte del poco movimiento económico con que medio se funcionaba allá, se ha prácticamente detenido. La famosa burbuja de prosperidad nacional en revolución se pinchó, se le escapó el aire; explotó luego del ocultamiento táctico de los hampones vinculados al régimen, ahora perseguidos por una operación policial de “quítate tú, pa’ poneme yo”. Como las cucarachas cuando uno aparece de noche en la cocina de la casa con una lata de Baygon: ¡todos los bichos salen a esconderse!
Qué triste, qué patético, qué odioso resulta saber que el circuito económico de todo un país haya sufrido un frenazo en todos sus sectores porque una muy pequeña parte de su sociedad ha bajado el perfil y la gastadera a manos llenas de sus reales mal habidos, robados a todos los venezolanos.
Así, todas las actividades económicas, todos los sectores de la economía nacional han reducido su velocidad a unos niveles muy, pero muy inferiores a lo ya normal en un país quebrado, sin industrias modernas, con servicios públicos desastrosos y con sus habitantes que no paran de huir.
Si acá en América ya estamos padeciendo las consecuencias de la recesión y se cayó el empleo, aparecieron las ofertas increíbles para rematar los grandes inventarios que existen en las tiendas y los principales sectores de la economía se ponen pesados; si eso está pasando ya en América, imaginemos cómo es el movimiento del dinero en Venezuela, con la cacería de brujas de los pillos de las bandas rivales, a las que en este momento controlan todos los negocios sucios desde Miraflores.
Me comentan que hasta los carrazos caros, esos que solo los pueden comprar los enchufados y los ladrones del régimen han desaparecido de las calles. Lo mismo que la afluencia en los restaurantes impagables para una persona común con un sueldo o una pensión en bolívares. O la compra y venta de oficinas, locales comerciales y apartamentos de precios inflados.
Total, mientras dura la borrasca del reacomodo entre las mafias de la plata y del poder en Venezuela, continuaremos observando como una buena parte de la población en nuestro país, sin saberlo y sin ser ni pillos ni enchufados, es fuertemente influida económicamente por la principal industria sin chimeneas del régimen chavista: el delito.



