El Fogón de la Editora

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Yolanda Medina Carrasco / Venezuela RED Informativa.us

Mientras que a Juan Guaidó lo mechonean en Cojedes y lo sacan a patadas de un botiquín, nos enteramos que no ha parado de correr la plata que la USAID continúa enviando para ser administrada por los “vamos bien”.

Un río bien profundo de fondos sin control ni seguimiento de ninguna naturaleza por parte de los “receptores” continúa corriendo como parapeto federal para el sostenimiento de un bojote de vagos y maleantes venezolanos que dicen ser opositores al régimen de Caracas.

Cuando lo cierto es que todos estos “angelitos” se pegan una vida de ricos a costa de los impuestos del pueblo norteamericano. Mintiéndole a los contribuyentes de América y al resto del mundo sobre el destino humanitario de esos recursos. Cuando acá, en este sucio caso, solo estamos hablando de reales para mantener a un bojote de pillos, que han hecho de este cuento el más grande, cómodo y mejor negocio de sus vidas.

Si les llegará a sobrar “algo” de lo que se les entrega para auxiliar a los menesterosos venezolanos, deberían tener alguito de vergüenza y pensar en los miles de pensionados de nuestro país. En los cientos de miles de hombres y mujeres venezolanos que, ni sumando los reales de las familias que tienen afuera, ni con tres pensiones juntas, pueden pagar la primera tanda de cualquier tratamiento para abordar alguna enfermedad atroz.

Una familia, incluso regada por los cuatro rincones del mundo, la tiene dificilísima para costear una serie de quimio, por ejemplo. Mientras que estos pajaritos se están parrandeando, literalmente, la salud y hasta la vida de cientos de venezolanos.

¡Así, sencillito!

Total, de la dictadura en Venezuela se puede esperar cualquier atrocidad. El régimen y sus parásitos internacionales nos saquean, torturan, roban y humillan desde hace muchísimos años. Sabemos quienes son. Están plenamente identificados.

Pero, de aquellos otros que han manipulado, manoseado y utilizado nuestra buena fe como pueblo para salir de esta pesadilla infernal, no deja de causar un profundo asombro y rabia. Rabia como la de la mujer engañada muchas veces, que mira con asco el profundo cinismo con que se han burlado de nuestras necesidades, de nuestros afectos y de nuestras esperanzas un grupo de sinvergüenzas.

Pero, ¡todo en este mundo de paga! Y, ¡Dios castiga sin palos ni piedras!

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