Opinión

La serenidad de la espiritualidad

Santos Luzardo /Venezuela RED Informativa.us

La espiritualidad es el ámbito de una dimensión más grande de lo perceptible y descubrir tu propia espiritualidad implica concientizar que eres parte de esa amplitud. Muchas veces se logra a través de experiencias que te conectan con algo más allá de lo tangible, pero siempre será acercar la mente a la divinidad y se siente en el corazón, también en el llamado cuarto chakra, ubicado en el centro del pecho, llamado Anahata en sánscrito, que se vincula con la capacidad de amar a los demás y de abrirnos a la vida.

Sin embargo, tu historia, creencias, valores, generalmente te producen una asociación con las formas de este plano de tercera dimensión, en la que vives a través del yo interior y de tu fachada exterior, que pueden sacarte del camino espiritual.

Quizás a continuación logre dar una idea de algunas prácticas que te sirvan para retomar ese camino, si se pierde involuntariamente.

Lo primero a tomar en cuenta, para saber que estás en el camino correcto, es verificar que vives en paz interior, no artificiosa ni medicamentosa.

La paz interior es un estado mental, un refugio que todos necesitamos, no es solo un deseo sino la condición sine qua non de la espiritualidad. ¿De qué vale la más grande virtud si no podemos tener paz?

Podríamos practicar lo que sigue:

  1. Tener un propósito de vida, que mantenga una motivación para crecer espiritualmente. Si no lo tienes ya no podrás tener paz.
  2. Volver a hacernos totalmente uno con la naturaleza, en el sentido de acoplados a sus ritmos, estaciones, procesos. Solo pondré un ejemplo, no debes consumir ni realizar nada que dañe tu cuerpo. En la existencia solo el ser humano comete tales desafueros con sus consecuencias. Entender la naturaleza opera en el mejor sentido de conocer la propia, entonces aceptaremos que todo cambia constantemente y nada debemos intentar controlar y menos cambiar. La oposición a esta afirmación es la política, si, eso que ocupa a la humanidad, el 99% como clientes u obedientes y el 1% como dueños, allí subyace la etiología del dolor, la contaminación, la destrucción y el desasosiego.
  1. Practicar la respiración consciente es transformador y restaurador de la atención plena necesaria para la paz, con ella enviamos señales al cerebro de que todo está bien y se desactiva el estrés.
  2. La gratitud. Incorporarla a nuestra rutina diaria, tanto por lo creído bueno como por lo que llamamos malo. Es decir, hasta en la adversidad es liberador. Es como sintonizar una frecuencia de radio para oír bien una emisora, en este caso es la emisora de la evolución para la que vinimos a experimentar lo escogido por necesario, por lo que debemos fluir serenamente.
  3. El perdón es una práctica que nada tiene que ver con su empleo por antonomasia. El perdón es un acto de amor a favor de liberarnos de toda prisión en la que el prisionero es uno mismo, una de esas prisiones es el pasado y no existe sino en la mente enajenada y esclavizada digna de perdón y luz.
  4. La caridad y compasión, que constituye la práctica de la identificación del semejante en la divinidad compartida y que, como el perdón, es una práctica de amor ágape, para sí y para todos. Seremos conocidos más por nuestros frutos que por nuestros nombres, luego, la caridad y compasión hacia todos y con nosotros mismos es una práctica de paz que también es un indicativo referente de nuestra paz interior.
  5. Vive consciente y atento a lo único que existe, el presente, y que el tiempo es finito en este plano experimental. Mucho se ha dicho y escrito sobre los tiempos de los verbos y poco se practica el presente indicativo porque la cultura ha sido regida por la política sofista de Protágoras de Abdera, que es la política que domina al mundo e impone sus intereses contra la evolución espiritual.

Te invito a un ritual con infusiones para la sed de las almas.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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