Internacional

La liberación de los refugiados en la embajada argentina “evidencia la vulnerabilidad del gobierno de Maduro”

Glenda Romero / Venezuela RED Informativa.us

La llamada “Operación Guacamaya”, fue ideada por la oposición venezolana en coordinación con actores internacionales. Uno de los asilados describió el operativo como una acción “quirúrgica”. La “Operación Guacamaya”, que Logró sacar a 4 opositores de la embajada argentina en Caracas y alcanzar suelo estadounidense, es descrita por el exdiputado Omar González Moreno, quien rompió el silencio en un artículo publicado en La Razón, toda vez que él fue uno de los refugiados en dicha sede diplomática, describió la operación como una maniobra milimétrica que dejó en evidencia la vulnerabilidad del gobierno de Maduro.

«La operación se ejecutó con la precisión de un relámpago”, escribió el político, quien permaneció en la sede diplomática desde el 20 de marzo de 2024. Lo que comenzó como una medida temporal terminó convirtiéndose en un confinamiento prolongado, bajo condiciones extremas que incluyeron cortes de luz, agua, y limitaciones en el acceso a alimentos y medicinas, asegura.

“Estábamos rodeados por francotiradores, barricadas, drones, perros entrenados. Querían quebrarnos, obligarnos a ceder”, relató. La “Operación Guacamaya”, según González, fue ideada por la oposición venezolana en coordinación con actores internacionales y contó con el apoyo de Eeuu.
Relató que la fuga se realizó de madrugada y que no hubo disparos, ni caos. Solo una sincronización perfecta.

Al abordar el primer vehículo, lancé una última mirada a la embajada, como quien se despide de una celda”. El operativo no solo significó su liberación, sino un golpe simbólico al aparato represivo del chavismo. “La operación Guacamaya demostró que el gobierno de Maduro es frágil, que su maquinaria de control tambalea y que el fin está más cerca de lo que creen”.

“La embajada se convirtió en un teatro de tortura psicológica. Sin electricidad, dependíamos de linternas y velas. Sin agua, la comida escaseaba y el asedio se convirtió en una sombra que nos acechaba, pero más insoportable que el hambre era el silencio opresivo roto por los alaridos de los agentes, el rugido de los perros o el zumbido de sus vehículos o drones”,narró.

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