Opinión

¿Por qué ser hereje?

El Spinocista* / Venezuela RED Informativa.us

Inicialmente, invito a buscar el significado etimológico de la palabra HEREJE, no el que por antonomasia construye una mentira, fundamento medular de lo que sigue.

Quizás a alguien le interese reflexionar sobre la dominación mediante la manipulación artera. Dijo El Libertador: «Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza», aunque la fuerza siempre se aplicó cuando fue necesario. Por ejemplo: quemar en la hoguera a los disidentes, es decir los llamados herejes, como Juana de Arco, Giordano Bruno, Miguel Servet, etc.

Todos más virtuosos que sus asesinos del «Santo Oficio».

Recordemos el aforismo del veneciano Ugo Fóscolo, tan ilustrador de la naturaleza perversa, pero evolutiva del ser humano indecente, porque se curaría solo con ser decente de verdad: «En tiempo de las bárbaras naciones colgaban de una cruz a los ladrones; más hoy, en pleno siglo de las luces, del pecho del ladrón cuelgan las cruces». He allí la evolución de la civilización cuando cambia de estilo.

Ahora, al grano, sin cortapisas, sin medias tintas ni claro oscuro. Las tres más grandes religiones fundadas con mentiras para dominar a la humanidad. Este es el tema.

La institucionalización de la dependencia disfrazada de providencia divina mediante una arquitectura del engaño sobre la impotencia aprendida de los pueblos.

El resultado buscado y logrado sería la dependencia y obediencia ciega, para lograr protección divina desde la ingeniería social creada con mitos de milagros que requerían intervención celestial mediante un intermediario autorizado en la tierra, y la libertad para pensar o dudar como pecado.

Todo ha correspondido a una técnica de control mental. El Pentateuco o la Torá, refieren en su segundo libro Éxodo, uno de los primeros manuales de tiranía disfrazado de teología, para crear un ser  incapaz de concebir su propia libertad.

Es el registro de una aplicación sistemática de lo que en la modernidad se llamaría propaganda, guerra sociológica, manipulación de masas, etc.

Ese pervertido sistema funcionó porque el propio ser humano lo amaba, es inherente a su naturaleza, aunque realmente sea una prisión sin barrotes y voluntaria, no impuesta, pero sí inducida por el engaño.

Lo sobrenatural, en ese libro de la Biblia, es una progresión de eventos como fundamento de dominación mediante una escalada de violencia para procurar la obediencia; los primeros para crear expectativas sobre la necesidad de aceptación por fe sin más que pensar. Los segundos, como sufrimientos contra los enemigos y los últimos como castigo de aniquilación a los desobedientes o libres pensadores llamados herejes, como el caso de Abirám, Datán y Coré, quienes cuestionaron a Moisés, por lo que la tierra se los tragó con todo y familias y propiedades, ja, ja, ja. Aunque sé que se cree, era la manera perfecta de enseñar al pueblo: que la muerte era el castigo a la disidencia. Era la geometría del terror sagrado.

Estas prácticas de lo sobrenatural y terrorífico se convirtió en rutina para apaciguar destellos de dudas, como progresión de la escalada de violencia contra los herejes.

Además, comento que toda esa narrativa no fue ni siquiera originaria de los judíos. Se fusilaron, en términos periodísticos actuales, los cuentos de las viejas civilizaciones del Mediterráneo Oriental como Egipto, Sumeria, Acadia, Asiria, para cautivar y controlar pueblos nómadas sin templos sagrados sino desiertos, para lo cual construyeron su arca de la alianza y demás alegorías oficiosas.

En la posteridad, luego del Gran Jesús, apareció el malandrín de Tarso, que ni siquiera conoció a Cristo y se inventó todo el otro cuento que nos trae hasta nuestros días como verdaderos ignaros, incapaces y amantes de la esclavitud providencial.

Crearon un tipo de ser humano que ama ciegamente su vasallaje a la divinidad administrada por los audaces religiosos, donde la obediencia es una virtud y la verdad y la libertad además de pecado, ya señalado, son desagradables porque demandan responsabilidades aterradoras, incertidumbre e ingentes esfuerzos, mientras que era más cómoda la creencia de un plan divino que todo lo resuelve favorablemente a cambio de adoración, fe, creencia, obediencia, pago de indulgencia, respeto y admiración incólume a sus ministros llamados, el Papa: Santidad o Santo Padre; los Cardenales: Eminentísimo y Reverendísimo Señor; los Arzobispos y Obispos: Excelentísimo y Reverendísimo Señor; los Abades mitrados: Ilustrísimo y Reverendísimo Señor; los Vicarios Generales se les dice: Muy Ilustre Señor; a los Párrocos: Reverendo; a los Superiores de Órdenes Religiosas: Reverendísimo Padre o Madre; a los curas de caseríos solo les sale: padre o el curita cariñosamente.

Denominaciones que dan risa, pero todos son reverendos…menos Cristo que no lo llamaban, él iba.

Recomiendo estudiar a los ebionitas, quienes con líderes como el hermano de Jesús, Santiago el justo, ofrecían la verdadera, pero muy dura oferta de Cristo.

He aquí el apretado resumen del marco hermenéutico que desde el año 325 convierte la ignorancia en revelación y una magistral jugada política en un mensaje divino con sus embajadores autorizados y santificados.

*Del Club de los Herejes

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