Un día como hoy

El Spinocista* / Venezuela RED Informativa.us
En toda la historia de la humanidad, han sucedido eventos tan trágicos que no solo han sido registrados en los anales de la historia, sino que se mantienen en el presente como una pesada sombra que a unos advierte y amenaza y a otros motiva a la reacción.
En la línea de pensamientos que siguen estos escritos del Club de Herejes, es justo recordar una de las tantas bárbaras acciones cometidas por las jerarquías religiosas de todos los tiempos y en todos los tiempos.
Un día como hoy, pero en 1656, a un joven aún, un muchacho de 23 años, casi que un adolescente de nuestro momento, pero que a tan temprana edad ya se erigía como hereje, uno de los más interesantes y preclaros filósofos de la historia, le fue aplicado un castigo tan duro y detestable que cualquiera no pudiera soportar, pero que ilustra mucho sobre el sentimiento, talante y locura de esas clases clericales.
Se trató de la pena del Herem, una suerte de excomunión dictada por los rectores de la comunidad judía de Ámsterdam para esa fecha, porque el joven Baruch, no repetía ciegamente los criterios y cuentos religiosos que esa jerarquía imponía y que todos debían repetir. Nada diferente a la actualidad.
Spinoza, muchas veces más virtuoso que sus verdugos, recibe por cortesía de los jerarcas de la sinagoga de Ámsterdam, la perlita que copio de seguido: «Por decisión de los Ángeles y juicio de los Santos excomulgamos, expulsamos, maldecimos y execramos a Baruch de Spinosa.
Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acueste y maldito sea cuando se levante. Maldito sea cuando salga y maldito sea cuando entre… El Señor no lo perdonará, sino que entonces la ira del Señor y su celo se encenderán contra ese hombre, y todas las maldiciones escritas en este libro caerán sobre él, y el Señor borrará su nombre de debajo del cielo. Y el Señor lo apartará para mal de entre todas las tribus de Israel, conforme a todas las maldiciones del pacto escritas en este libro de la ley.
«Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascrito por él».
Pero, además, obligaron a la familia a repudiarlo, so pena de castigos de esa índole. Ja, ja, ja, menudo castigo dirían los andaluces.
Alguien debe decir la verdad, recordarla, enseñarla, explicarla y hacer que prevalezca. Es cierto que solo la verdad nos hará libres, pero cuál es la verdad, diría un político como Pilatos, frente a un místico como Jesucristo.
Lo importante es ser libres del sufrimiento, de eso nos libera la verdad, conocer a Dios es liberador, al Dios real, no al hecho a imagen y semejanza del hombre, y hasta con sus mismas falencias y carencias y para sus propios fines personalísimos, producto del extravío existencial, como el que tenían los citados jerarcas.
También, tal día como hoy, se celebra la creación del Club de Herejes, con su único propósito: la verdad.
*Del Club de los herejes: Hereje N° 1
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