Opinión

El Guri y el uranio, las energías que perdimos y lo que tendrá que venir: Una visión de Estado que se adelantó a su época

César Ojeda / Venezuela RED Informativa.us

El Complejo Hidroeléctrico Simón Bolívar (Guri) representa una de las obras de generación eléctrica más ambiciosas concebidas en su época, y su magnitud sigue siendo relevante incluso hoy. Fue concebida por el ingenio de la ingeniería venezolana de los años 50, una generación que pensó el desarrollo energético del país con visión de Estado a largo plazo, sin precedentes en la región.

Ese país ya tenía, desde entonces, la visión de la energía nuclear como complemento eléctrico: no se limitó a lo hidroeléctrico. El proyecto original contemplaba asegurar energía abundante, barata y prácticamente perpetua, proyectando a Venezuela como un actor capaz de comercializar electricidad a gran escala con sus vecinos. No todo está perdido, solo hará falta un gran rescate. Cerebros, tenemos.

El uranio es nuestro: un activo, no un botón

En cuanto al uranio enriquecido del reactor RV-1 —retirado este año y trasladado a Estados Unidos para su destrucción—, lo correcto es decirlo con claridad: ese material salió de Venezuela en medio de la capitulación militar del régimen. Eso no cambia que ese recurso nos pertenece. A los futuros gobiernos de Estados Unidos les decimos: ese activo es venezolano. Resguárdenlo, sí, mientras no existan garantías de un uso responsable en Venezuela, pero quede claro que no es un cheque en blanco ni un botón de El verdadero rescate empieza en las aulas.

Pero el verdadero rescate de Venezuela no empieza en Washington, empieza en nuestras aulas. Lo primero que tendremos que reconstruir no son las turbinas ni los reactores: es nuestra educación primaria y secundaria. Necesitamos hacer énfasis en reeducar a nuestros adolescentes, garantizándoles —no solo alimentación costeada por el Estado, sino bienestar integral— que lleguen a la universidad bien formados y con buen ánimo. A los bachilleres de hoy, producto de años de educación media degradada, habrá que exigirles al menos un año de nivelación antes de ingresar a la universidad. No podemos esperar veinte años a que crezca una nueva generación desde primaria: tenemos que trabajar con lo que tenemos, reeducando por las buenas o por las malas, no como castigo, sino porque se lo debemos a ellos y al conglomerado del país que tenemos que reconstruir juntos.

El obstáculo: quién tiene el poder hoy

No basta con denunciar el problema. Hay que decirle a la gente, con la misma claridad, cómo lo vamos a resolver. Y para resolverlo de verdad hace falta algo que hoy no tenemos: control real del poder público. Ese poder lo tiene un régimen que se encargó de destruirlo casi todo, y que hoy está bajo tutela estadounidense.

Ni “estado 51” ni resignación: una Venezuela que rescata lo suyo

En medio de ese vacío, Estados Unidos promueve, a través de un influencer y profesor seguidor de Trump, la narrativa del “estado 51”, que tiene cautivada a mucha gente. Estemos atentos: Venezuela no es una república bananera, como la pintan para deslumbrar con un supuesto “sueño americano a la vuelta de la esquina”. No, señor. Estados Unidos sí es el mejor país del mundo de acuerdo con su creación constitucional, pero muchos no saben que allí no existe educación gratuita ni asistencia médica gratuita. Todo eso lo rescataremos, y podremos volver a tenerlo de primera en una Venezuela decente, libre y próspera. Ya está claro, a nivel global, que la riqueza más importante es la educación de su gente, porque la verdadera riqueza está en nuestros cerebros.

Lo que le pedimos a Estados Unidos: bipartidismo, no tutela eterna

Lo que sí necesitamos de Estados Unidos en este momento de tutela militar —tomando como primer paso su plan de estabilización— es que nos ayuden a conformar un equipo de tecnócratas venezolanos para la reforma y el rescate nacional, posiblemente en paralelo a su presidente tutelado, con la autoridad para imponer orden y disciplina. Quiero ser claro: esto no significa estar en contra de las elecciones populares, sino reconocer que, en este momento crítico, sometido a las masas, es un terreno delicado. Ayúdennos a rescatar primero nuestros valores, para que en un futuro próximo la gente sepa con claridad por quién votar.

Estados Unidos tiene la capacidad y el poder para hacerlo, y debemos pedírselo tanto a republicanos como a demócratas, para que seamos países aliados hasta la eternidad. En cuanto a la Constitución venezolana, hoy desde hace años, es letra muerta: quienes nos han representado, solo levantan o bajan la mano para cumplir el protocolo de que existen leyes.

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