¿Quiénes perdieron con la arrolladora victoria de Donald Trump?

Yasmín Núñez / Venezuela RED Informativa.us
En primer lugar, Barack Obama. Sobran los comentarios.
En segundo lugar, los promotores de la agenda woke.
En tercer lugar, el Foro Económico Mundial, la ONU, la OTAN, y todas las instituciones del estado profundo.
En cuarto lugar, perdieron las farmacéuticas que dañaron la salud de millones de personas con la pandemia y las vacunas experimentales.
En quinto lugar, perdieron los vendedores de falsedades con inmerecida influencia en la sociedad, entiéndase la industria de la música, del cine, de la moda, del entretenimiento, etc.
En sexto lugar, perdieron los grandes medios,
En séptimo lugar, perdió la Unión europea que se fue por un barranco al pretender doblegar al oso ruso.
En octavo lugar, perdieron las tiranías del continente americano.
Para Trump la prioridad será Norteamérica, pero no va a desaprovechar la oportunidad de limpiar lo que queda de comunismo en este hemisferio.
La lista de los perdedores es larga. Poco a poco el propio Trump se encargará de hacer mención de los que faltan para completar la misma.
Para Trump la prioridad será Norteamérica, pero no va a desaprovechar la oportunidad de limpiar lo que queda de comunismo en su patio trasero.
La lista de los perdedores es larga. Poco a poco el propio Trump se encargará de hacer mención de los que faltan para rellenar los nombres de los que faltan.
Las Victorias muchas veces se tejen con retazos de errores que van dejando los derrotados en el camino. Y así fue como Donald Trump logró unir esos retazos que hoy cubren de rojo a prácticamente toda Estados Unidos.
En 2016, Trump era una especie de Quijote que se peleaba con modernos y poderosísimos molinos de viento: medios masivos de comunicación al servicio de una élite corrupta, una casta de artistas que utilizaban sus influencias para persuadir a las masas de favorecer a unos determinados políticos y rechazar a otros, poderes económicos con la capacidad de elegir al presidente de turno en función de sus aportes a la campaña electoral, etc. Trump era una golondrina empeñada en hacer verano, y casi se quedó en ese intento. Pero, por circunstancias, que no analizaré ahora, Trump, para sorpresa de una Hillary Clinton que se creyó imbatible, de un infame Barack Obama, que usó todo el poder que tenía en ese momento para impedir que Trump entrara al terreno político a desafiarlos, de unos dueños de medios de comunicación, que abiertamente mostraban su desprecio a la figura de Donald Trump como político, se convirtió en el Presidente número 45 de los Estados Unidos.
Pero no se lo pusieron fácil. Aun estando en la Casa Blanca, sus férreos enemigos redoblaron sus esfuerzos para destruirlo. Fue un periodo agotador para un Donald Trump deseoso de romper viejos esquemas y sin poder quebrar ninguno, pues el partido demócrata amasaba todavía un enorme poder dentro y fuera de Estados Unidos.
Bastaba verlo luchar en cada rueda de prensa, cual boxeador defendiendo su título ganado en buena lid. A pesar de todos los obstáculos que le fueron poniendo en el camino, Trump llegó de pie al último round, la reelección de 2020.
Le crearon la pandemia del COVID para forzar el voto por correo, pues esa vez los demócratas tenían ya muy claro que no podían asumir el riesgo de perder nuevamente frente a un Donald Trump más asentado en el trono de la Casa Blanca. Había que pararlo al precio que fuere. Así que, con la ayuda de los enemigos de Trump, que eran muchos por cierto, armaron la idea de robar las elecciones, al mejor estilo de una República bananera.
Trump no solo estaba consciente de esa intención, sino que, además, lo recordaba a cada rato. Y lo decía, no con resignación, sino como advertencia. Solo él, con esa mente brillante de maestro ajedrecista, sabía que, la mejor manera de vencer a un contrincante, era dejarlo jugar, incluso utilizando la trampa, porque eso dejaba al oponente desnudo e indefenso en un juego futuro.
La razón por la cual Donald Trump dejó que corriera la trampa electoral del 2020 era porque quería saber de primera mano cuán corrompida estaba la clase política norteamericana, sus instituciones y sus socios.
De que valía ganar un nuevo periodo presidencial si sus adversarios seguirían saboteando sus planes y torpedeando todas sus decisiones? Necesitaba apartarlos sin que se viera como una actitud autoritaria de su parte. Si él hubiera atacado con ferocidad a los autores intelectuales y materiales del fraude electoral de 2020, lo hubieran tildado de dictador y lo hubiesen expuesto ante los ciudadanos norteamericanos como un peligro para Estados Unidos y su «sacrosanta» democracia.
Sin que los demócratas lo supieran, Trump condujo a sus adversarios a su terreno, los llevó a su esquina, y esperó con mucha paciencia el momento preciso para destrozarlos.
En conclusión: Trump deseaba que los demócratas junto con sus aliados cometieran el fraude del 2020, y les hizo creer que se había entregado, que no lucharía, más allá de poner unas querellas en tribunales dirigidos por jueces controlados por el partido demócrata.
No se imaginaron nunca que Trump se iría con el propósito de preparar el plan perfecto para vencerlos, en esos 4 años que le robaron como presidente.
De cómo se fraguó la derrota del Estado Profundo en Estados Unidos
Para derrotar de manera contundente a los demócratas solo había que hacer una cosa: Dejarlos gobernar, que sus votantes vieran sus fallas, sus errores, sus agendas ocultas y sus verdaderos rostros. En este sentido puede decirse que los demócratas se derrotaron ellos solitos. Y para colmo, impusieron como candidata a una mujer con la inteligencia de una perdiz, (con el perdón de tan cándidas criaturas), que lo único auténtico que tenía era su macabra sonrisa.
Dejar que los escándalos Epstein y Puff Daddy, hicieran su trabajo de demolición controlada en todas las atalayas de los demócratas.
Dejar que la agenda woke colmara la paciencia de padres preocupados, como Elon Musk.
Dejar que destrozaran la economía y golpearan lo más sagrado de los norteamericanos: su bolsillo.
Dejar que se empantanaran en una guerra tan costosa para el bolsillo de los contribuyentes norteamericanos como la de Ucrania.
En conclusión, Trump solo tuvo que cruzarse de brazos, mientras veía a sus adversarios cometer un error tras otro.
En una competencia gana quien mejor maneje los errores del adversario
Y eso hizo magistral mente Donald Trump. Los demócratas pensaron que a punta de juicios vencerían a Trump. Que si no justificó sus impuestos, que si ofendió al Estado dudando del resultado electoral de 2020, que si abusó de una mujer hacía 20 años, etc.
Y en cada juicio, aun fallando en su contra, se encontraron con un Donald Trump a quien parecía habérsele incorporado el espíritu del Cid Campeador.
Demás está decir que con estos juicios, los mismos demócratas catapultaron la influyente personalidad de Trump.
¿Cómo se fraguó la derrota humillante de los demócratas?
En primer lugar, los mejores aliados de Trump fueron los afectados por las malas decisiones de los demócratas.
La agenda woke que tanto impulsaron desde el poder, terminó irritando al hombre, en la actualidad, más poderoso del mundo: Elon Musk, quien ha expresado con amargura como esa corriente woke terminó arrebatándole a un hijo por la propagación del transexualismo.
La obsesión de los demócratas de inmiscuirse en asuntos privados con absurdas regulaciones y controles sociales terminó agitando a segmentos de la sociedad subestimados por los políticos, como la comunidad Amish, quienes molestos por la sanción impuesta a un campesino de Pensilvania, por vender leche cruda a sus vecinos, terminaron apoyando a Donald Trump, aun cuando nunca antes habían participado en una elección.
Y en este sentido, encontraron en un joven gay llamado Scott Presler un aliado extraordinario.
Visitó una a una las comunidades Amish, los convenció de que con Trump nadie los iba a sancionar por vivir según sus costumbres, como vender leche cruda, sin ser sancionado duramente como lo fue el campesino Amos Miller. Y así fue como pudimos apreciar el impacto de esa poderosa imagen de carretas tiradas por caballos en fila india, para ir a votar por Trump.
Otro error fue el cometido por las autoridades demócratas de la salud de Nueva York, quienes decidieron confiscar una ardilla que ya era famosa en las redes sociales, y no conformes con eso, terminaron sacrificando a la ardilla por no conseguir un refugio seguro para ella.
Otro error de los demócratas fue confiar ciegamente en las grandes cadenas de televisión para imponer a la candidata demócrata, generar una falsa popularidad, incluso, asomar, a través de encuestas amañadas, la posibilidad de triunfo de una Kamala Harris que nunca levantó pasión en el electorado, tan solo en el segmento de los odiadores de Trump.
Por el contrario, Trump optó por conceder entrevistas a importantes influencers con un poder mediático exponencialmente superior a los medios convencionales.
Y por último tenemos a un Elon Musk, se jugó el todo por el todo apoyando incondicionalmente a Donald Trump.
Está vez, para despecho de los demócratas, el algoritmo de X, la antigua Twitter, jugó a favor de Donald Trump y en contra de los demócratas.
¿Quién hizo posible la victoria de Donald Trump?
En primer lugar, el propio Trump, un hombre que sabe cómo proyectar su imagen, cómo manejar el show business, cómo impactar en la psiquis colectiva, y hasta puso a los jóvenes a bailar imitando sus pasos, al compás de una música que se puso de moda cuando ellos no habían aún nacido. El poder mediático de Trump lo llevó sin duda a la cima.
En segundo lugar, el apoyo de Elon Musk hizo de contrapeso al poder de los grandes medios, incluso, los superó. Siendo el algoritmo pieza clave de este triunfo.
En tercer lugar, la inteligencia excepcional de su hijo Baron Trump, quien fue su asesor en el tema de dar entrevistas a influencers y no a los grandes medios.
En cuarto lugar, los errores de los demócratas, en especial dos: derramar la leche de los campesinos Amish y matar a una mascota muy querida y seguida en las redes sociales.
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